Capítulo 125 Más antiguo que el conocimiento

Nadie habla.

El viento se cuela por el patio. Mi muñeca está tibia sobre mi propio regazo. La mano de Rhydan sigue en mi hombro. La palma de Zael continúa suspendida a unos dos centímetros por encima de su propia rodilla, como si se le hubiera olvidado bajarla después de apartarla de mí.

—Zael.

—...

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