Capítulo 238 La espada envenenada

El dulce y nauseabundo olor de la belladona me golpea los pulmones incluso antes de que el acero alcance a reflejar la luz.

Kellan no grita. Se lanza a través de la arena negra con la velocidad frenética y suicida de un lobo que sabe que ejecutarán a su familia al atardecer si no logra dejar sangre...

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