Capítulo 99 La sala de recepción norte

Rhydan no duerme mucho.

Yo tampoco.

Nos quedamos acostados en su cama hasta que la luz gris y delgada de la mañana empieza a colarse por los bordes de las cortinas, y aun así no nos movemos por un rato. Su brazo sigue alrededor de mi cintura. Mi mano sigue metida bajo la suya, tibia contra su piel...

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