La joya de Abaddon

—Tía María, Tío Mateo. Por favor, ayúdenme—. Los miré suplicante, mi corazón dolía por su ayuda.

—Ana... Ana... Ana... pl...— Christian intentaba hablar, pero solo terminó tosiendo sangre.

—No. No, Christian, no digas nada. Por favor, tienes que conservar tus fuerzas. Tienes que vivir—. Acaricié s...

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