Capítulo 68

Lila

El paquete era pequeño —no más grande que una servilleta doblada—, pero brillaba como un tesoro en las manos de Emma.

Estábamos sentadas en la sala, las ventanas entreabiertas para dejar entrar la luz temprana. El viento de la mañana traía el aroma de azahares de limón del patio, suave y punza...

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