CAPÍTULO TREINTA Y UNO

Entré a la cafetería, mis ojos recorriendo el lugar. Vi a Lucien sentado en una esquina, sorbiendo una taza de café. Respiré hondo antes de caminar hacia él.

Me senté frente a él, mis dedos entrelazados, logrando mantener mi rostro inexpresivo. Se veía tan horrible como la última vez que lo vi, exc...

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