CAPÍTULO CUARENTA Y NUEVE

DALLAS

—¿¡Hiciste qué?! —chilló Lisa, con los ojos brillando de emoción.

La estilista se estremeció ligeramente ante el chillido de Lisa. Le lancé una mirada de disculpa a la mujer.

—Baja la voz, Lis —le susurré.

Nos estábamos preparando para la boda, pero mi mejor amiga no dejaba de chillar sob...

Inicia sesión y continúa leyendo