Capítulo 4 4. Una vida 2
—No sé, Martha -respondió triste —quiero una relación seria con un buen esposo y económicamente estable, no quiero sobras —dijo eso último con dientes apretados y algo de rabia brillando en sus ojos.
La observé atenta a sus palabras, hace unos años salió con un hombre casado, no dio muchos detalles, pero me aseguró que eso se había acabado casi cuando comenzó, que era todo un imbécil y le creí. Mi amiga se merece algo mejor que como dice ella "las sobras" nunca me gustó eso de que saliera con un hombre casado, pero no era mi vida solo pude aconsejarla hasta donde pude.
—¿Qué pasó con el chico con el que salías? —le pregunté tratando de recordar su nombre y no lo recordaba o no me lo había dicho o yo estaba muy olvidadiza últimamente.
—Quise algo serio y se espantó, como todos-agregó melancólica y molesta.
—Los hombres son unos idiotas —apoyé.
—El tuyo es un sol —agregó ella, es cierto, Miguel era la excepción a la regla de los hombres idiotas, aunque, tenga sus fallas y me gustaría que me ayudara más en algunas cosas, pero Sofia piensa que exagero.
—No me quejo, Miguel es el mejor esposo que pude conseguir— estuve de acuerdo con ella.
Miguel es un poco más alto que yo que mido metro setenta y dos, es de cabello color oscuro y de ojos pequeños color miel, le gustaba ejercitarse antes de tener a Diego, tiene un mentón fino y poco barba por no decir que ninguna, tiene una nariz ancha y labios finos, no es una lindura de hombre, pero siempre esta presentable, usa colonias que llaman la atención, usa trajes para ir a su trabajar de contador, últimamente usaba su cabello un poco más largo que antes y era muy atento, como estas cosas que hacíamos una vez al mes.
Fue su idea las citas de una vez al mes, algo para avivar la pasión y al final de la noche es como un león salvaje, me gustó su iniciativa para no caer en la rutina así que una vez al mes nos turnamos para decidir a dónde ir y que hacer, aunque van tres meses en las que yo decido porque a Miguel no le da mucho tiempo organizar todo.
—Me voy amiga, quiero estar lista para mi cita con Miguel— le avisé cuando me terminé mi café.
—Yo me encargo de Diego, no te preocupes —adoro a ese pequeño.
Como no tenía padres mi única familia eran Miguel y Diego, Julio mi jefe y, Sofía mi mejor amiga desde siempre. Mis padres murieron en un accidente de carro, me crie con mis abuelos paternos que murieron hace dos años, gracias a Dios murieron de causas naturales y casi al mismo tiempo dejándome una pequeña herencia que puse en un fideicomiso para diego cuando cumpliera la mayoría de edad.
Estaba pensando en ello mientras manejaba a la casa para ponerme más guapa para mi Miguel.
Entré en casa rápidamente y me quité la ropa mientras subía las escaleras, me bañé lo más rápido posible y depile rápidamente todo mi cuerpo, salí y busqué el nuevo vestido que compré hace unos días, es de cuello alto con la espalda descubierta de color borgoña y me llega a medio muslo, lo coloqué con cuidado en la cama junto con mis tacos negros, me puse unos pendientes de diamantes que Miguel me regalo el año pasado en nuestro aniversario, jamás se le olvida nuestras fechas especiales y aunque sé que trabaja mucho es un hombre atento y detallista.
Decidí hacer unas suaves ondas en mi cabello liso color chocolate y me maquille a conciencia, ahumé mis ojos con una sombra marrón y negra, puse un poco de dorado e iluminador y me puse una de esas pestañas para realzar mis ojos verdes claro, me vi en el espejo mientras veía mis muslos descubiertos, tenía un poco de celulitis, pero no tenía tiempo para el gimnasio, tenía algunos rollitos en mi barriga a causa de mi embarazo que disimule con una faja cómoda, me puse unas medias del color de mi piel blanca que agarre con un liguero y luego me puse el vestido, estaba aplicando mi labial rojo favorito cuando llego Miguel.
—Estas hermosa, amor mío —me saluda con un beso en la coronilla.
—Gracias, señor Hidalgo —le dije muy coqueta mientras se alejaba.
—Me doy una ducha y nos vamos —me dijo aflojando su corbata.
Miguel era el contador de una empresa farmacéutica, llevaba muchos años allí a veces el trabajo era duro, llegaba tarde y luego de largas jornadas era difícil mantener la llama de la pasión encendida por eso él ideó este plan. Estas citas para nosotros, teníamos 6 meses haciendo esto y me parecía maravilloso. Nos sentíamos como una pareja empezando su relación y eso me enamoraba más de él.
Luego de media hora en donde le escogí su traje negro con camisa blanca bien planchada y corbata roja nos vimos al espejo, mi labial era del mismo tono que su corbata, me puse algunas pulseras de oro que me había dejado mi madre como herencia y acomodé su corbata.
—Estas radiante, osita —besó mis labios en un beso rápido y nos fuimos.
Eran las siete cuando llegamos al restaurante y ya yo había hecho reservación desde hace tres semanas quería que todo fuera perfecto esta noche, dimos nuestros nombres y nos sentamos a degustar la verdadera cocina oriental.
Luego nos fuimos al cine y vimos una película de terror era lo que a Miguel le gustaba, yo pasé toda la película debajo de su brazo tapando mi rostro y brincando cada vez que se escuchaba algo espeluznante.
Cuando nos subimos al auto me vio esperando instrucciones para el siguiente lugar así que le dije que se me ocurrió no terminar aún la velada, iríamos por una copa, accedió felizmente y fuimos a un pequeño bar discreto en el centro.
El bar era concurrido más que todo por jóvenes y la música era para bailar y muy alta, me gustó el ambiente así que lo arrastré a la pista de baile y enseguida pusieron un tal bad bunny así que me moví lo más sugerente que pude, quería volverlo loco y que la pasión no se apagará por unas semanas más.
Muchos creen que mantener un matrimonio es fácil, pero no es así. La monótona vida que a veces llevamos nos hunde y no es lo que quiero. Yo amo a mi esposo y no me voy a dejar vencer por la vida cotidiana a la que hemos llegado, le baile sugerente meneando mis caderas como pocas veces hacía en público.
—Martha, estas dando un espectáculo, vámonos a la casa —me agarró por los hombros y me llevó a la barra.
Miguel es un hombre reservado así que pocas veces demostrábamos cariño en público, siempre se lo respeté, pero estaba bailando no desnudándome. Vi a mi alrededor y varios hombres me veían lascivamente haciendo calentar mis mejillas de vergüenza. Decidí que él tenía razón y era mejor irnos, la noche no terminó como esperaba en el bar, espero que cambie en la casa. Una vez en la casa me meto al baño y me quito el vestido, dejo mi ropa íntima intacta y salgo, Miguel se estaba quitando los zapatos cuando me vio salir del cuarto de baño.
—¿Me veo bien? —asintió sin decir nada, mientras dejó caer el zapato —me vestí así para ti— aclaré, Miguel a veces es muy celoso -también bailé así para ti en el bar.
—Me pone mal que te vean otros hombres, Martha —arrugó el ceño mientras me explicaba.
—Pero eso es solo tuyo, Miguel —dije insinuándome.
No quería arruinar nuestra noche de citas, quería que las cosas con él fueran perfectas como siempre, aunque Miguel siempre fue comprensivo y pocas veces se enojó conmigo por tonterías. Lo entendía sentía celos de otros hombres, aunque no tenía por qué.
—Te amo, mi Miguel —le dije al oído en cuanto llegué a su lugar en la esquina de la cama—. Tenemos casi 9 años juntos y todavía te amo como el primer día de nuestra boda, amor mío.
—Yo también te amo, osita —besé suavemente sus labios queriendo que todo fuera bien de ahora en adelante como siempre.
Pero lo que Martha no vio fue como los ojos de su esposo una vez amoroso se oscurecieron y se pusieron fríos como el hielo.
