Capítulo 2 Una mirada peligrosa
Isabella sintió que el corazón se le detenía cuando aquellos ojos oscuros se clavaron en los suyos. Alexander Black no era un hombre al que se pudiera ignorar. Su presencia imponía respeto, su mirada transmitía peligro y su silencio resultaba más aterrador que cualquier amenaza.
—¿Sabes quién soy? —preguntó él con una voz profunda.
Isabella levantó la barbilla, intentando ocultar el miedo que comenzaba a recorrerle el cuerpo.
—No, y tampoco me interesa saberlo.
Por primera vez en mucho tiempo, Alexander pareció sorprendido. Las mujeres solían acercarse a él buscando dinero, poder o una oportunidad para formar parte de su mundo. Sin embargo, aquella desconocida lo miraba como si no le debiera absolutamente nada.
Y eso despertó su curiosidad.
—Deberías tener cuidado con la forma en que me hablas, preciosa —murmuró, acercándose un paso.
—Y tú deberías aprender que no todas las mujeres se impresionan con un traje caro y una mirada arrogante.
Isabella se arrepintió de sus palabras en cuanto vio cómo cambiaba la expresión de Alexander. Su mandíbula se tensó y una sonrisa peligrosa apareció en sus labios.
—Interesante —susurró—. Muy interesante.
Antes de que pudiera responder, un hombre vestido de negro se acercó y le habló al oído. Alexander dejó de sonreír inmediatamente. Sus ojos se endurecieron y toda la calidez fingida desapareció de su rostro.
—Quédate aquí —ordenó.
—No recibo órdenes de desconocidos.
Él se inclinó ligeramente hacia ella.
—Entonces considéralo un consejo. No salgas por esa puerta si quieres llegar viva a tu casa esta noche.
Un escalofrío recorrió la espalda de Isabella.
—¿Qué significa eso?
Alexander no respondió. Se alejó acompañado de sus hombres, dejando tras de sí una sensación inquietante que ella no conseguía explicar.
Minutos después, mientras Isabella caminaba hacia la salida, escuchó un estruendo proveniente del estacionamiento. Los gritos y el sonido de varios disparos rompieron la tranquilidad de la noche.
Se escondió detrás de una columna, temblando.
Entonces lo vio.
Alexander sostenía una pistola mientras sus hombres rodeaban un automóvil negro. Su rostro era irreconocible: frío, calculador y despiadado.
En ese instante, Isabella comprendió que aquel hombre escondía algo terrible.
Y lo peor fue descubrir que, incluso después de presenciar aquella escena, no podía dejar de pensar en él.
