Capítulo 3 El secreto del hombre oscuro
Isabella permaneció escondida detrás de la columna, con las manos temblorosas y el corazón golpeándole el pecho. Nunca había presenciado algo semejante. Alexander no era simplemente un hombre arrogante y misterioso. Era alguien capaz de matar sin pestañear.
De repente, él giró la cabeza y sus miradas se encontraron.
—¡Isabella, corre! —gritó uno de sus hombres.
Pero ella no tuvo tiempo de reaccionar. Alexander cruzó el estacionamiento y la tomó suavemente del brazo, conduciéndola hacia un automóvil negro.
—¿Estás completamente loco? ¡Suéltame! —protestó ella.
—Si quieres seguir respirando, sube al maldito coche.
Su tono no dejaba espacio para discusiones. Isabella obedeció, aterrorizada, mientras él se sentaba a su lado y ordenaba al conductor que arrancara.
Durante varios minutos, ninguno habló. Finalmente, ella reunió el valor suficiente para mirarlo.
—¿Mataste a ese hombre?
Alexander giró lentamente el rostro hacia ella.
—Hay preguntas cuyas respuestas pueden destruirte, pequeña.
—No soy una niña. Tengo derecho a saber en qué clase de problemas me has metido.
Él soltó una risa amarga.
—Todavía no entiendes nada.
El automóvil se detuvo frente a una enorme mansión rodeada de jardines y altos muros. Dos guardias abrieron las puertas inmediatamente.
Isabella contempló aquella propiedad con incredulidad.
—¿Dónde estamos?
—En mi casa.
—Llévame a la mía.
Alexander se acercó, apoyando una mano sobre el asiento, junto a ella.
—Alguien te vio conmigo esta noche. Ahora saben quién eres.
El rostro de Isabella perdió el color.
—¿Quiénes?
Antes de que él respondiera, su teléfono vibró. Alexander leyó el mensaje y su expresión cambió radicalmente.
«Sabemos quién es la chica. Esta noche pagará por tus pecados».
Por primera vez, Isabella vio miedo en sus ojos.
Y comprendió que su pesadilla apenas comenzaba.
