Capítulo 100: No pasa un día en el que no te quiera

Dante

—Mi dulce mujer pelirroja —gemí entre sus brazos.

No era yo quien la sostenía, quien la protegía o quien la poseía. Ella me tenía entre sus brazos suaves. Me cuidaba y me consolaba. Solo por eso, Calista se merecía todo lo que yo pudiera darle. Me preguntó por qué estaba aquí, pero no podía ...

Inicia sesión y continúa leyendo