Capítulo 30: No interrumpas mi cena

Dante

Joder.

Mis cuervos me habían advertido de lo que se venía, pero nunca imaginé esto.

Mi esclava se veía divina, tan absolutamente deliciosa que instintivamente supe que sabría igual de bien. O mejor.

Sus pechos pugnaban contra el arnés metálico, apenas cubiertos, suplicando ser liberados, s...

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