Capítulo 44 Una condena inevitable.

El eco de la voz de Oliver se apagó lentamente en el pasillo, absorbido por el silencio denso y opresivo de la madrugada. Aurora seguía de pie junto a la puerta, con la yema de los dedos rozando la fría superficie metálica del pestillo. Sus temblorosas manos se habían quedado congeladas a mitad de m...

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