Capítulo 2 2

— ¿Qué? —  dijo sorprendido el hombre al tiempo que se ponía de pie rápidamente.

—  Lo siento, por favor, perdone mi insolencia. —  susurro de forma atropellada la joven.

Farid sonrió por un momento, jamás se acostumbraría a ver el miedo en los demás cuando lo tocaban sin su permiso, era algo que le parecía ridículo.

—  Discúlpame tu, permite que te ayude, gracias por salvarme, no sé cómo resbale. —  dijo mientras extendía su mano y Leila la tomaba con mano temblorosa.

—  Disculpé Señor, pero… yo lo vi, usted no resbalo, solo las personas que desean terminar con su vida vienen aquí. —  termino diciendo con voz suave, casi susurrando.

—  No sé de qué hablas, yo solo vine a observar el paisaje, no sé qué es lo que crees… — el futuro jeque reparo en lo último que la joven dijo, ella tenía razón, solo los que desean morir, iban al acantilado, entonces ¿Qué hacia ella allí? — ¿Qué hace una niña como tu aquí? —  la vergüenza recorrió el rostro de Leila, había hablado de más, tarde se dio cuenta. —  Te ordeno que me digas la verdad. —  el rostro de Farid no demostraba vergüenza, duda, o incomodidad, él se veía como un Jeque, preocupado por su gente y en ese momento, preocupado por Leila.

—  Creo que lo acabo de decir jefe, usted y yo no estamos aquí por error.

El viento movió la gastada tela del vestido de Leila, al tiempo que su cabello también bailaba con la brisa, Farid observo a la joven en silencio, era muy delgada, parecía un alambre, aunque no era alta, su cabello estaba opaco, se notaba que no lo cuidaba, aunque era largo, los callos en sus manos delataban que era alguien muy trabajadora, pero, sobre todo, vio lo joven que era, casi una niña.

— ¿Qué edad tienes? ¿Cuál es tu nombre?

—  Leila Assad y tengo 15 años. —  respondió al tiempo que llevaba la vista a sus delgadas y maltratadas manos, el escrutinio de Farid la ponía nerviosa.

—  Soy Farid Khattab, aunque eso ya lo sabes, ¿verdad?

—  Lo sé, usted es el jefe después del jeque Marwan.

—  Bien, eso es bueno, no debes decir que me viste aquí. —  quiso sonar con firmeza, como un jeque, pero su voz parecía más un pedido que una orden.

—  No se preocupe jefe, yo no me iré de aquí. —  la sonrisa que la joven le mostro le erizo la piel, se veía tan…  miserable.

—  No lo estas comprendiendo Leila Assad, no dejare que saltes, tú me salvaste, yo te salvo. — Farid solo veía a una joven carente de emociones, y eso lo asustaba, su padre hacía lo que podía para salvar a tantas como podía, cambiaba las leyes poco a poco, pero la tradición era fuerte, demasiado.

—  Usted no puede salvarme. — contradijo sin perder su dolorosa sonrisa.

— ¿Qué es lo que te sucedió Leila? —  Farid no comprendía como podía hablar con tanta tranquilidad, era una niña, él tenía 20 años y estuvo dos horas llorando en silencio a la orilla del precipicio antes de tomar coraje para saltar, en cambio la joven frente a él se veía decidida, rendida, derrotada.

—  En menos de una semana, Mashal Rahz, ira a pedir mi mano y mis padres se la darán. —  Farid vio como apretó sus manos, hasta que sus nudillos quedaron blancos, la impotencia de quienes no podían decidir, lo único que podían hacer las que se mantenían en silencio.

—  Mashal Rahz ¿el dueño del mercado? —  Leila solo movió su cabeza afirmando y Farid lo comprendió, conocía a Mashal, era un hombre de 50 años, viudo, con un hijo de 30 años y otro de 25 años, incluso ya tenía nietos, su estómago se retorció de solo pensar en ello. —  No es motivo para quitarse la vida. —  trato de persuadir a la joven.

— ¿Y usted si tiene motivos? ¿Por qué deberían sus problemas ser mayores que los míos? — respondió con osadía, pues la muerte la esperaba y no tenía tiempo para perder con sutilezas.

—  Lo son Leila, mi existencia es un problema, traeré la deshonra a mi hogar, a mi familia y a la tribu, lo único que me queda es saltar por ese acantilado o esperar a que mi padre me mate. —  la honestidad bailaba con cada palabra, pero Leila había escuchado miles de veces que tan bueno era el futuro jeque de la tribu, no podía imaginar que él hiciera algo que trajera deshonra a su familia.

—  Está mintiendo. — dijo, pero sabía que no era así, los ojos negros como el carbón del hombre así se lo hacían ver. Farid respiro profundo y exhalo lento.

—  Bien, si, de todas formas, ni tú, ni yo saldremos de este lugar, creo que es justo decir mi verdad…soy gay Leila. —  la joven pestaño con asombro un par de veces, tratando de comprender aquello, no podía estar bromeando con algo así.

—  Comprendo. —  se limitó a decir, Leila conocía las leyes y tradiciones, y por más que él fuera el hijo del jeque o el mismo jeque, algo así no sería permitido, lo matarían y expulsarían a su familia de la tribu. —  Pero no es necesario morir, tampoco revelar la verdad. —  trato de persuadirlo una vez más, no quería que el joven muriera a su lado, eso se podía tomar como el suicidio de enamorados, ya se imaginaba a todo el pueblo hablando de ello y maldiciendo su alma por llevarse al futuro jeque a otra vida.

—  Me quieren casar con la hija del jeque Ryad, quedare al descubierto, el tiempo se me terminó. —  no, Leila volvió a pensar, Farid Khattab no podía morir el mismo día y en el mismo lugar que ella o todo sería un malentendido… aunque, pensándolo mejor, eso era algo que ellos podían aprovechar.

— ¡Nos podemos salvar! —  gritó con la voz cargada de esperanza y los ojos brillando de alivio.

— ¿Qué?

—  Sálvame Farid, Sálvame y sálvate, pide mi mano. —  Farid dio un paso hacia atrás y Leila lo volvió a sujetar, ya que casi cae accidentalmente por el precipicio. —  Creo que lo mejor es que te alejes de ahí. —  la cara de la joven lo hizo sonreír de manera inconsciente.

—  Bien Leila Assad, dime ¿Qué estás pensando?

—  Puedes pedir mi mano, mi padre no se negará a ti y a cambio el jefe Marwan no podrá casarte con la hija de Ryad, por favor, Farid, sálvame de morir hoy, porque si mi destino es casarme con ese hombre tan anciano, realmente prefiero morir.

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