Capítulo 3 3

Farid la observo en silencio, era una buena idea, lo tenía que reconocer, no solo por poder salvarse, también podía salvarla a ella, se veía tan frágil y él sabía muy bien cuál era el destino que le esperaba si no saltaba de aquel precipicio, pero, aun así, era una adolescente que quizás no era consciente de lo que pedía realmente.

—  Leila, ¿sabes lo que es una persona gay? —  pregunto con vergüenza, crecer en esas tierras no era fácil, había temas que aun en este tiempo eran tabúes.

—  Mataron a una de mis amigas por ello, se lo que es Farid. —  Leila recordó cómo la gente gritaba y aplaudía al padre de su amiga, luego de que la asesinara, “Has traído honra a tu casa” “Muy bien, has hecho lo correcto” y por un segundo Leila se preguntó, ¿Qué tan correcto era matar a tu propia sangre?

—  Leila si nos casamos, jamás podrás divorciarte de mí, y yo… nunca te tocare… como esposo. —  dijo cada palabra mirando sus ojos color caramelo, debía saber si ella lo comprendía.

—  Jamás te exigiré nada Farid, nunca te engañare por más que nuestro matrimonio sea solo en un papel, tú me salvaras y por ello te estaré agradecida por siempre.

—  Tú me has salvado, Leila Assad, mañana a esta hora te esperare fuera del jardín de té, si no llegas me daré por enterado que te has arrepentido.

— ¿Qué te diré cuando llegue? —  dijo segura de lo que haría.

—  Me dirás que día me esperan tus padres.

— Así será Farid, hasta mañana.

Leila corría por las calles de tierra y piedra, su corazón latía desbocado, y las ganas de gritar se agolpaban en su garganta, era la primera vez en la vida que Leila se sentía feliz, con esperanzas, con vida.

El jeque Marwan Khattab se encontraba en su hogar, en una habitación que funcionaba como oficina, aunque él la usaba más para pensar.

Desde que había asumido como jeque, poco a poco, como una vez le juró a su hermana, él estaba cambiando las leyes, aunque luchar contra las tradiciones era aún más difícil, ya algunas de sus normas le habían generado ganar enemigos, pero debía continuar y confiar que su hijo seguiría con su legado, ese que buscaba salvar a las mujeres, algo que no pudo hacer con su hermana, ¿Cuál fue el pecado de Leila Khattab? Enamorarse de un hombre pobre, un campesino, ¿Cuál fue la solución que encontró la pareja? Ambos escaparon ¿Cuáles fueron las consecuencias? fueron perseguidos y asesinados por la tribu, por su propio padre, 25 años habían pasado de aquel día, y Marwan aún seguía tratando de cumplir lo que le prometió a su hermana sobre su tumba. Pero habían tradiciones de las cuales ni el jeque podía escapar, ni su familia, y su hijo era el que ocupaba la mente del mayor en este momento, como se reusaba a casarse, sin importar a la joven que se le mostrara, los rumores comenzaban a circular, esos que aseguraban que algo estaba mal con Farid, y el hombre se preguntaba si llegado el caso de que sean verídicos aquellos dichos, si su corazón soportaría aplicar las leyes y tradiciones en su propia sangre, ¿Cuántos pecados más tendría que cargar en su alma vieja y cansada? No lo sabía.

—  Señor. —  lo llamo un empleado de suma confianza que tenía Marwan.

—  Pasa, ven, cuéntame ¿Qué has averiguado? —  el jeque hizo una seña con su mano y el empleado ingresó en la oficina, cerrando la puerta tras él.

—  Vieron al joven Farid en el acantilado del norte. —  el mayor respiro con fuerza, al tiempo que su piel se ponía de gallina, ¿sería que no tendría que matar a su hijo? ¿Farid era tan buen hijo que incluso le quitaría ese peso de encima?

—  Él… — el jeque no podía decir aquellas palabras, no sin demostrar lo mucho que le dolía.

—  El joven Farid se encontró con una joven, el empleado dice que ambos estaban dispuestos a saltar, pero luego hablaron y ella se fue… muy alegre, al igual que el joven Farid.

Marwan estaba confundido, muchos le habían asegurado que su hijo tenía algo mal, que no era “normal”, pero ahora no comprendía que era lo que sucedía, hasta que unos golpes en la puerta le devolvieron la calma.

—  Padre, ¿estas ocupado? Necesito hablar contigo. —  dijo de forma agitada su hijo y Marwan le hizo un gesto con la mano al empleado para que se retirara.

—  Para ti nunca estaré lo suficientemente ocupado hijo. —  el corazón de Farid se agitó y sintió vergüenza una vez más por traerle preocupación y problemas a su padre.

—  No me casare con la hija de Ryad. —  dijo con voz firme.

—  Farid… no puedo despreciar la oferta del jeque Ryad… — Farid cerro sus ojos y recordó los ojos de Leila, la valentía en ellos, y como pasaron de estar opacos a brillar como si fueran caramelo derretido.

—  Estoy enamorado y solo me casaré con la mujer que amo. —  sus palabras salieron tan seguras, que sonaron a verdad todo en ellas, Farid no solo salvaría su vida, también salvaría a Leila.

Marwan observo sorprendido a su hijo, ¿acaso sería la joven con la que estuvo en el acantilado? ¿su hijo estuvo a punto de suicidarse por amor?

— ¿Quién es? —  preguntó el mayor con verdadero interés.

—  Leila Assad, la hija del campesino Assad.

Marwan guardo silencio, hacia 25 años que no escuchaba ese nombre, Leila, ¿acaso era una señal? Que su hijo se fijara en la hija de un campesino no era bueno, por lo menos no para la tribu, ¿Qué podía ofrecer una joven analfabeta al futuro jeque? Pero también estaba el hecho de que su hijo jamás había mostrado interés por una mujer.

—  Leila Assad, ¿de dónde la conoces? ¿cómo sabes que la amas? ¿hace cuánto que se ven? —  Marwan no sabía que sería peor, que las especulaciones sobre la orientación sexual de su hijo sean ciertas, o que su hijo haya deshonrado a una joven.

—  No sabía que la amaba, la había visto a lo lejos, no sabía qué era lo que me llamaba la atención de ella, creo que es su alegría, pero era una niña, hace poco la volví a ver, tiene 15 años y sé que aún es una joven, pero cuando hoy me informaste que me casarían con la hija de Ryad, yo lo único que veía era su rostro, tanto que salí decidido a terminar con mi vida. —  Farid bajo su cabeza por la vergüenza que sentía, no solo por mentirle a su padre, también por decirle que estuvo a punto de matarse.

—  Y si es así… ¿Por qué aun estas aquí? —  Marwan no pudo evitar ser duro con sus palabras, pero el dolor y el enfado le provocaba querer golpear a su mal agradecido hijo, la vida era el regalo más preciado que tenían y Marwan creía a verle explicado aquello.

—  Por ella, Leila llego, pensaba matarse… por mí, ella me ha amado en silencio durante el último año y como sabe que nadie nos apoyara, no quería continuar. —  Farid hizo una nota mental de informarle de esa mentira a Leila, cuando la encontrara en el jardín de té.

Marwan decidió ver aquello como una señal, que la joven tenga el mismo nombre que su hermana, que sea pobre, era repetir aquella trágica historia de hace 25 años atrás, pero ahora el poderoso y rico era su hijo y la pobre y marginal era la joven.

—  Si es así… debemos prepararnos para pedir su mano. —  Farid miro con asombro a su padre, no creyó que aceptaría aquello tan rápido.

— ¿Me das tu bendición padre? —  pregunto aun incrédulo.

— Lo hago.

Farid respiro con alivio, con esa seguridad que le decía que viviría un día más, gracias a Leila, ella lo había salvado.

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