Capítulo 6 6
Aun así, no podía negarle la entrada al futuro Jeque, con el corazón en la boca abrió el portón que le dio paso al patio delantero, Farid pudo observar que era grande, se notaba que los rumores eran ciertos, se decía que Said Assad había obligado a su esposa a comprar aquel lugar con su dote, algo que no era bien visto, ya que la dote que se le da a la novia el día que parte de su hogar es solo para ella, para que tenga un respaldo si en algún momento de la vida llega a quedar sola, pero la suerte no estuvo con Misha antes y tampoco ahora, ya que tenía una gran casa, pero era ella y su hija las que debían ocuparse de todo, cuando se veía que ese lugar necesitaba muchas más manos para que estuviera en orden.
— Señor Khattab, ¡Qué gran honor tenerlo aquí! — la voz ruidosa de Jamil no se hizo esperar, Farid podía ver que el hombre que tendría su misma edad, parecía que lo estaba esperando incluso con alegría.
— Jefe Khattab, esperábamos su visita. — escucho la voz de Said, que se acercaba a él a paso apresurado.
— ¿Es así Said? — pregunto apretando los dientes, algo que el hombre hacia cuando algo le molestaba.
— Por supuesto jefe, se los rumores sobre mi hija… — la mirada fría de Farid lo silencio, mientras Misha no soporto más estar llorando en silencio y hablo.
— Mi señor, no son ciertos, yo conozco a mi hija, la eduque bien, ella no ha hecho nada malo. — comenzó a decir ahora dejando ver la desesperación que sentía, y es que, para esta madre, por más que la tradición reclamara la vida de su hija, ella no lo permitiría, preferiría ser repudiada por todos o inclusive tomar el lugar de Leila en el castigo.
— No tiene nada que decir Misha, porque se perfectamente que Leila no hizo nada malo, solo fue un accidente, el hombre tropezó y cayó sobre ella. — Farid sonó tranquilo mientras le daba una mirada dulce a esa mujer que reflejaba tan bien el dolor de muchas de las mujeres que vivían allí, las cosas debían cambiar, su padre lo estaba haciendo bien, pero todavía quedaba un largo camino por recorrer.
— ¿Qué? — Jamil no se veía contento con lo que Farid había asegurado.
— Es así. — repitió con firmeza Farid.
— No, no lo es, yo lo vi. — Farid observo con asco a Jamil, él era el hermano mayor de Leila, se supone que debía cuidarla y protegerla, sin embargo, parecía que quería que la joven muriera a toda costa.
— ¿Qué fue lo que tus ojos vieron Jamil? Y piensa muy bien lo que dirás. — la voz de Farid sonaba acerada, tanto que daba miedo.
— Seguí a mi hermana como mi padre ordenó, ella se casará pronto con Mashal, por lo que debemos cuidar que no quiera hacer nada indebido, fue allí donde la vi en el acantilado norte, con su amante, ellos pensaban suicidarse como enamorados, pero solo basto que Leila se entregara como una… — Farid levanto su mano y la dejo caer con toda su fuerza sobre el rostro de Jamil, quien lo vio con miedo desde el suelo polvoriento.
— Ten cuidado de como hablas de Leila, ella no hizo nada malo, no se entregó a nadie, ninguno de los dos se iba a suicidar, solo estaban hablando y él se resbalo. — dijo ahora con los ojos tan negros que Jamil tembló un poco más.
— ¿Es eso señor Khattab? ¿o es el hecho que usted quiere implantar las ideas de su padre? — rebatió Said con los puños apretados al ver a su hijo aun en el piso y sin poder defenderlo, pues estaba frente al próximo jeque.
— Es así, porque yo estaba con Leila. — Said abrió sus ojos con asombro, jamás supo que su hija conociera al futuro jeque de la tribu. — Y otra cosa Jamil, Leila se va a casar, pero no con Mashal, Leila será mi esposa, de eso estábamos hablando, le pedí que les informara que vendría mañana jueves como manda la tradición por su mano. — Misha llevo ambas manos a su corazón, el cual latía con tal fuerza que creía que se saldría de su pecho, su hija se había salvado, sus plegarias fueron escuchadas.
