Capítulo 7 7
— Le pido me disculpe jefe, no sabía que usted veía a mi hija. — dijo Said, aún más furioso con su hija por no decirle que tenia de pretendiente al futuro jeque, pero también dejando a la vista la clara insinuación.
— Lo repito Said, lava bien tus oídos, y presta mucha atención, yo NO visitaba a tu hija, me enamore de ella solo con verla de lejos, y ella se enamoró de mí, pero solo ayer fue que pudimos hablar, nuestro amor nos guio al mismo lugar, ahora tú y Jamil, le explicaran a la tribu que tan pura y buena es mi futura esposa, porque si estas habladurías ensucian así sea un poco su honra, tú y tu hijo pagaran por ello. — ambos hombres temblaban de miedo, pues en los oscuros ojos de Farid se veía que hablaba en serio.
Jamil se arrepentía de haber obedecido a su padre, y de haber esparcido ese chisme sobre su hermana.
Said era un hombre despreciable, a tal punto que entregaría a su hija al anciano Mashal, solo para sacar ventaja del mercado que este dirigía, además de que sabía que el mercader estaba interesado desde hacía años en su hija, era un maldito degenerado, si no fuera por la ley que el jeque Marwan puso en vigencia, hubiera casado a Leila cuando tenía 10 años, ahora el mercader había bajado la dote con la excusa de que era muy mayor, pero Said creía que si lo hacía ver que otros jóvenes deseaban a su hija, Mashal subiría la dote, ahora estaban perdidos, ambos, padre e hijo.
— ¿Dónde está Leila? — Farid no se olvidaba del porqué de su visita en aquel lugar.
— Ella no está en este momento. — dijo Said, y Farid vio la cara de odio con el que lo miraba Misha.
— Said, si yo dijera que fui mal recibido en tu hogar hoy, que tú y tu hijo me trataron mal, ¿crees que alguien pediría piedad por ti? — Farid tenía fama de ser bueno y generoso como su padre Marwan, era la primera vez que amenazaba a alguien, pero debía ser así, él era el futuro jeque, no debía mostrar debilidad cuando estaba entre personas como Said y Jamil.
— Está en la habitación, la última a la derecha. — dijo Said y bajo la cabeza. — Yo creí lo que mi hijo dijo.
Farid no quería pensar el significado de esas palabras, pero supo que estaba mintiendo, no fueron solo palabras de Jamil, era Said quien había inventado cosas de más, lo descubrió cuando Jamil lo vio con reproche, pero ya luego se ocuparía de ellos, en ese momento ya no tenía fuerzas para fingir tranquilidad, Farid corrió hasta la habitación señalada, y sus ojos casi se salen cuando vio a una joven delgada, pequeña, de piel color oliva, acostada boca abajo con su espalda desnuda, la cual estaba herida horriblemente con decenas de latigazos.
— Leila. — dijo en un susurro lleno de horror. La joven apenas pudo abrir sus ojos, el dolor no la había dejado dormir en casi toda la noche.
— Farid, perdón por no llegar a nuestra cita. — susurro con una sonrisa, ella sonreía y la tranquilidad bailaba en sus pupilas.
— ¿Cómo puedes mostrar ese rostro en un momento como este? — respondió en un lamento mientras se acercaba a la cama de la joven y trataba de contener su furia.
— Porque sé que tú me salvarás Farid, tú serás el gran jeque Khattab, y mientras esté detrás de ti, nadie volverá a golpearme. — aseguro en un suspiro mientras sus ojos se cerraban sin poder evitarlo, el dolor la había llevado a su límite, necesitaba descansar, su cuerpo se lo exigió y ella solo se dejó ir.
— Tu no estarás atrás de mí, tu estarás a mi lado Leila, y tu voz tendrá tanto poder como la mía, te lo juro.
