Capítulo 225 El golpe a la puerta

El timbre sonó una vez. Dos veces. Tres veces, insistente, agudo, cortando la tranquila tarde.

Mónica miró a su hijo desde el sofá. Mark estaba desparramado, con los ojos pegados al teléfono, los pulgares desplazándose, fingiendo que no escuchaba nada.

—¿No oyes el timbre?— espetó ella, con la irr...

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