Capítulo 23 Hasta la empuñadura

Maldita sea. Quería escuchar sus gemidos. Quería escucharla gritar mi nombre, asegurarme de que supiera exactamente quién estaba dentro de ella y que nunca lo olvidara.

Pero como no podía tener eso, me aseguraría de que lo sintiera.

Con cada embestida de mis caderas, me grabaría en su cuerpo, lo s...

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