Capítulo 19 Nuestra oscuridad

—Vittorio... —gemí contra su hombro perdida por la pasión.

Él no cedió el ritmo ni un solo segundo, sus manos estaban aferradas a mis caderas, su mirada no me abandonó ni un instante.

—Un hijo tuyo y mío, Angélica —gruñó contra mi oído, con el cansancio en su voz—. Un lazo irrompible entre nosotro...

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