Capítulo 23 El atardecer

Cuando los grandes portones de hierro de la mansión se abrieron, la ausencia de los guardias habituales me confirmó que algo no andaba bien. La casa estaba sumida en una penumbra pesada.

Crucé el vestíbulo; el sonido de mis tacones contra el mármol retumbó como un aviso.

—Buenas noches, señora—mur...

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