Capítulo 3 Nuestros secretos

Mi piel ardía, me sentía rebelde y pecaminosa, una parte de mi deseaba no haber sido interrumpida, estaba segura que mi rostro estaría rojo como un tomate de la vergüenza.

—No deberías hacer ejercicio antes de una prueba de maquillaje—le mujer de medía edad dió un chasquido de lengua en desagrado.

—No estaba haciendo ejercicio— respondí intentando calmar el repique impasible de mi corazón. Mi miró de arriba a bajo y sin previó aviso sumergió mi rostro en una ponchera con agua helada.

—Está demasiado fría—me quejé mientras ella secaba suavemente mi rostro con una bolita de algodón.

Sin mediar palabras comenzó a provocar distintos productos en mi rostro. Para cuando terminó no pude reconocer a la mujer en el espejo, ella parecía bella, feliz y con toda una vida por delante, todo lo contrario a mí.

—Te recomiendo hidratarte bien y descansar ocho horas, nadie quiere una novia con cara de mapache trasnochado.

Después de que la maquilladora se fué me senté un rato en el jardín, mirando las mariposas revolotear en el aires, por un momento sentí envidia de ellas.

—Debe entrar a la casa—me dijo una señora mayor con rostro amable mientras me tendría un vaso de zumo de naranja.

—Gracias—la bebida fría le cayó bien Ami cuerpo cansado.

En cuanto estuve sola, me dejé caer en la cama, pensando en ese beso, se que no era de amor, el no podía amarme, yo solo era una desconocida, pero cuando sus labios tomaron los míos algo dentro de mi ser se revolvió, algo intenso.

La puerta se abrió y su perfume a madera invadió el lugar, llegó ante mí, portaba un ramo de flores rosadas, lo colocó justo al lado de la cama, sobre la mesita de noche.

—Todas las novias necesitan flores antes de la boda.

—Gracias—logré decir con nerviosismo, ese hombre me descontrolaba, era como un imán que me atraía con fuerza hacía él.

—Imagino que no tienes nadie a quien invitar a la boda.

—No—intenté contener las lágrimas; sus palabras fueron como un puñal que atravesó mi corazón.—Nadie vendrá de mi parte.

—Entenderás que no debes hablar de tu pasado con nadie, espero que ningún cliente tuyo se encuentre entre los invitados, no me gustan los escándalos—la miró fijamente a los ojos, como si desearan conocer sus secretos.— De ahora en adelante serás mía, nunca verás a otro que no sea yo, prometo ser un esposo amable, pero deberás respetarme—acarició mi mejilla con suavidad, aunque estaba segura que era una amenaza—. No me importa tu pasado, eso es basura, me importas tú, desde hoy, solo tú.

—Gracias—dije entre lágrimas, aunque sus palabras fueron duras el final me hizo conmover.

—Mañana será nuestra noche de boda y debo confesar que estoy deseoso por descubrir el fuego oculto tras esa cara angelical—sin más que decir me besó nuevamente, está vez no había urgencia, sino tranquilidad de quien sabe que tendrá todo el tiempo del mundo para disfrutar.—Eres hermosa, como un pecado que deseo cometer.

Caímos en la cama entre besos y caricias suaves, sintiendo por primera vez, algo de suavidad en mi vida. Estaba dispuesta a entregarme, pero el se detuvo.

—Nos vemos mañana, por cierto no me detuve porque quisiera, sino porque tenía miedo de ser tan rudo que no pudieras llegar en pie a la ceremonia.

Mi piel ardía otra vez, el fuego me consumía, este hombre jugaba con mi cordura, quería enloquecerme o quizás buscaba verme rogarle para que me posea y sin duda estuve a punto de hacerlo, nunca había sentido un deseo tan fuerte como ese.

—Este hombre me va a matar—entre a la ducha y dejé que el agua fría bañara mi piel, faltaban solo un par de horas para la boda y aunque debería estar temerosa, deseaba con todas mis fuerzas que ese momento llegara.

El alboroto me levanto, había gente corriendo de acá para allá, llevando cosas trayendo otras.

—Buenos días, señorita—la jovencita del día anterior hoy llevaba un traje negro de pantalón y camisa larga—. ¿Está preparada para el gran día?

—¿Se vale tener miedo?—respondí con nerviosismo.

—Se vale, pero el señor Casanova es un hombre guapo y adinerado, además de ello es un buen jefe, nunca lo he visto aprovechar su posición para conseguir favores poco honorables con las chicas del servicio.

—¿Trabajas hace mucho para él?—

—Tres años, desde que me contrataron para servir a quien sería la dueña de la casa—, me miró con tristeza—, pero ese matrimonio se canceló la novia huyó con el primo del señor Vitto y desde ese día esta casa se llenó de sombras, hasta que llegó usted y el señor Casanova volvió a parecer humano.

—Porque su novia lo dejó—las palabras salieron de mi boca sin pensar.

—Siempre fueron amantes, la otra señorita y el joven Valentino crecieron juntos, jugando, pero sus juegos no eran inocentes. A veces me siento culpable si le hubiera dicho al señor Vitto lo que ví, él no hubiera sufrido tanto.

—¿Conocias a la otra?

—Sí, la señorita Valeria era mi medio hermana por parte de padres, aunque nunca me trató como una hermana si estuvimos muy cerca la una de la otra y cuando se fijó la fecha de su boda yo vine acá como parte de la dote y cuando ella huyó decidí no irme.

—Imagino lo difícil que debió ser para tí—suspiré recordando mi propia historia familiar.—Cuando cumplí dieciocho mi padre me entregó a un grupo de borrachos apostadores para que se cobraran su deuda con mi cuerpo, tenía miedo y salí huyendo, esos hombres iban a abusar de mí en manada, entonces venía un automóvil y me lancé contra él. Ese era el automóvil de Vittorio

—Lamento lo que sucedió, pero gracias a Dios ahora está a salvo, el señor Vitto nunca permitirá que nadie la toque, él es un buen hombre a pesar de todo.—Venga la arreglaré para que luzca hermosa—me sonrió mientras me ayudaba a colocar el vestido de novia y el velo, con cuidado de no arruinar el maquillaje que me habían hecho minutos antes de nuestra conversación.

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