Capítulo 4 La Ceremonia

—Sí, aceptó—respondí ante la respuesta del sacerdote, era un sí lleno de mentiras.

—Desde hoy serás sólo mía—Vittorio depósito un besó casto en mi frente, el jardín se llenó de aplausos, había demasiada gente a nuestro alrededor y yo sólo tenía miedo de fallarle, de dejarlo en vergüenza ante todos sus amigos y conocidos.

Sus dedos se entrelazaron con los míos fuertemente, mientras recibíamos felicitaciones cordiales, cargadas de besos y abrazos.

—Es hermosa, aunque no tanto como la otra—le escuché decir a una mujer rubia y Vittorio torció el gesto enojado. Le sonreí de inmediato y apreté su mano, dándole a entender que no me importaban los comentarios.

—Tú eres más hermosa—le oí murmurar de manera casi inaudible, algo dentro de mí se estremeció al saber que le parecía bonita, quizás no era mucho, pero para mí si lo era.

—Podemos sentarnos un momento—le pedí nerviosa y él me dirigió hacía unos asientos decorados que habían sido destinados para nosotros.

—No te preocupes por estas personas la mayoría son socios comerciales, no son tan importantes como piensas.

—No entiendo, entonces quizás no deberían estar aquí.

—Soy vanidoso y me gusta que vean la hermosura de mujer que tengo al lado—sonrió de medio lado y mi rostro se encendió de vergüenza.—Eres demasiado tímida para alguien con tanta experiencia.

Si última frase me hizo mirar al piso de vergüenza.

—No bajes la mirada—me ordenó—eres mía y mi mujer no se avergüenza de nada. No puedo cambiar tu pasado, pero tu presente sí—luego me besó con dulzura y una lágrima resbaló por mi mejilla.

Este hombre pensaba lo peor de mí, aún así me seguía tratando con tanto cariño y yo tenía miedo de enamorarme de él, porque nunca antes había estado tan cerca de un hombre, sin mencionar que era demasiado apuesto, quizás un poco fuerte, pero mi débil corazón se estremecía al estar junto a él.

—Señora—un joven mesero me entregó un copa de champagne. La recibí nerviosa.

—Es para nuestro brindis de bodas, no necesitas tomartela toda—me dijo mi ahora esposo.

Una mujer de edad avanza atravesó la multitud, hasta llegar al frente de nosotros, ella llevaba una copa en su mano.

—Nunca pensé que llegaría este día—nos miró con una amplia sonrisa, sin embargo estoy feliz de poder estar aquí con ustedes—alzó su copa—. Brindo por el señor y la señora Casanova, porque su matrimonio sea próspero y tengan muchos hijos, que su rama familia sea tan numerosa que jamás se pierda nuestro apellido, salud—el sonido de cristal chocando entre sí estremeció el lugar, todos brindarnos mientras Vittorio y yo entrelazabamos nuestras copas para tener un brindis romántico.

Las burbujas subieron por mi garganta y tuve que contenerme para no toser, sin embargo Vittorio me acercó a su cuerpo, sentí sus brazos rodear mi espalda.

—Todo va a estar bien, es un poco fuerte, pero te acostumbrarás.

—Vittorio imagino que haremos el festival de la sabana— murmuró un hombre de cabello oscuro con un tatuaje de dragón que se asomaba en su cuello.

—Mantienes costumbres arcaicas Leonel—gruñó Vitto.

—Tranquilos, la mujer mayor intervino—podrías complacer a tu primo.

La rabia inundó la mirada de Vittorio sin embargo asintió. En cuanto la noche cayó fuimos llevados a una habitación, mientras los curiosos esperaban tras la puerta.

—Mi primo es un idiota, no puedo entender su afán por arruinar nuestra noche de bodas, pero si quiere un show se lo daré.—Se acercó a mí y sonrió perversamente.—Voy a disfrutar esta noche al máximo, sin importar quien esté detrás de la puerta.—Me dió la vuelta y comenzó a desabrochar el vestido mientras depositaba besos en mis hombros.—Hoy no tendrás que fingir te enseñaré a gemir de placer—besó mis labios con fiereza, —olvidarás cada caricia que te hayan dado—me empujó contra la cama y caí justo en el medio, me estremecía al notar que llevaba un cuchillo en su mano.

—Yo—comencé a decir, pero el me interrumpió al cortar mi ropa interior con el cuchillo.

—Perdona, pero soy impaciente, te compraré algo bonito luego. Cerré los ojos cuando sentí que presionaba contra mi intimidad.—Estás demasiado apretada, sino supiera tu pasado juraría que ninguno hombre te ha follado.

Sin decir más nada, dió un último empujón y el dolor me invadió, tanto que tuve que morder su hombro para contener los gritos.

—No te contengas—empezó a bombear con fuerza y el dolor empezó a darle paso al placer.

—Ahh, no pares—solté desconociendo mi propia voz, era presa de la lujuria, este hombre me estaba llevando al borde del placer.

—Tus deseos son órdenes—cada vez lo sentía más fuerte y para cuando terminó, mi cuerpo estaba sudado y exhausto.—Eres la mejor follada de vida.

Tocaron a la puerta.

—Mierda, las sábanas, debo hacer algo rápido—pero antes de que pudiera si quiera moverse un grupo de personas entro a la habitación.—Abuela yo...

—Acá está la prueba—Vitto quedó sorprendido al ver la mancha roja en la sabana. Me miró y luego se llevó las manos al rostro.

—Necesitamos hablar—susurró y yo asentí.

Para cuando nos dejaron solos Vitto estaba desesperado y daba vueltas por la habitación.¿Cómo es posible que sangraras si eras un prostituta?

Sus palabras sé sintieron como un balde de agua fría.

—Dime—exigió saber.

—Ese día que nos conocimos—suspiré profundo antes de continuar—, mi padre me había cambiado, bueno él les ofreció mi cuerpo a cambio de una deuda de juego—, mis manos temblaban al recordar.—Siempre había sido una hija obediente, pero cuando los ví sucios y borrachos salí huyendo, corrí cuanto pude, al verme atrapada, sin ninguna opción decidí arrojarme contra él vehículo que venía pasando, para morir, lo demás ya lo sabes.

El rostro de Vittorio era impasible, sus facciones estaban tensas y sin decir nada se apresuró a irse, no dijo nada, solo me dejó sola y con el corazón roto, mi verdad no nos había unido, él nunca me amaría y yo tendría que aprender a vivir con eso.

Vittorio se dirigió a su estudio y ahogó su rabia en licor, había sido una bestia con esa chica y ahora no sabía cómo verla a la cara.

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