Capítulo 8 Eres mía, amor

El agua tibia corría sobre la espalda de Angélica, el temblor de sus manos era evidente; con los ojos cerrados se permitió saborear el besó de su esposo, que iba aumentando la intensidad poco a poco. Habian pasado tantas semanas desde aquella primera y única vez en que él la poseyó; Vittorio no habí...

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