Sin sujetador...

Mis manos empezaron a temblar cuando levanté la taza hasta los labios y di un trago largo, más por tener algo que hacer que por un alivio real. Ya no podía oír los pasos, pero sentía una presencia fuerte detrás de mí, pesada e inmóvil, apretando el aire como una advertencia.

Los vellos de la nuca s...

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