Estamos hablando mal...

Levanté la vista y me crucé con la mirada de Luciano.

—¿Perdón?

Se recostó en su asiento con una confianza sin esfuerzo, un brazo apoyado a lo largo del reposabrazos de cuero.

—¿Estoy adivinando que soy el novio que supuestamente te lleva a Italia?

Inhalé con fuerza.

—Ya déjalo… finge que no oí...

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