Sin ropa...

—No puedo creer que de verdad me hayas traído a tu casa —dije, todavía mirando el enorme penthouse frente a mí, genuinamente desconcertada.

—No te emociones —se burló sin mirarme—. Esta no es mi casa de verdad. Solo es uno de mis penthouses.

—¿Penthouses? —me giré hacia él de golpe—. ¿Por qué ne...

Inicia sesión y continúa leyendo