Capítulo 219

Ni Amelia ni yo habíamos previsto este giro. Las dos nos quedamos atónitas.

—Tú… ¿cómo puedes decir eso de mí? —el rostro de Irma se puso rojo, lleno de agravio e impotencia.

Leopold la miró desde arriba con frialdad, sin un rastro de compasión en los ojos.

Justo entonces, Teddy se acercó apresur...

Inicia sesión y continúa leyendo