Capítulo 44

Me giré para mirar dentro de la habitación del hospital.

Sophia yacía allí pálida e inmóvil, con los ojos cerrados.

Sus muñecas estaban envueltas en gruesas vendas.

Pero no creía que alguien como Sophia realmente intentara suicidarse.

Miré a Leopold y pregunté en voz baja —¿De verdad crees que S...

Inicia sesión y continúa leyendo