Capítulo 51

En un instante, una ráfaga de aire helado me azota la cara.

Levanto un poco la cabeza y veo a Leopold de pie en la puerta, con una expresión gélida.

Sin duda llegó rápido.

Instintivamente, miro por detrás de él. Leo no vino.

—¿Estás bien?

Leopold cruza la habitación a grandes zancadas y me toma...

Inicia sesión y continúa leyendo