Capítulo 9 La caída

BLAIR

Con el CEO saliendo al mediodía de viaje por un asunto imprevisto, yo seguía sumida en el trabajo.

A eso de las seis, al ver que muchos ya se iban a casa tras terminar sus labores, pensé que ese día no quería hacer horas extra y me levanté para marcharme; sin embargo, la vejiga me traicionó y tuve que ir al baño.

Al volver a mi mesa me dispuse a recoger mis cosas; sin embargo, no encontré mi identificación por ninguna parte. La busqué en las gavetas y alrededor, pero no la conseguí. Sin identificación no podría sellar la salida, lo que era un problema, así que fui a la dirección de personal para informar la pérdida.

Cuando pasé hacia una asistente, de las únicas que quedaba, esta parecía poco dispuesta a prestarme atención.

—Señorita, quiero reportar la pérdida de mi identificación. Fui al baño y solo desapareció.

—¿En serio? ¿No es eso un descuido de tu parte? —La mujer me miró con desdén.

—Bueno, debía estar en mi escritorio a mi vuelta, pero no está.

Traté de mantener la calma ante la desidia de la chica. Me chocaba la gente así.

—Bien, bueno, ¿vienes a reportar tu salida? La ingresaré por ti. Mañana puedes hacer el reporte de tu identificación para que el supervisor se encargue. Por ahora, dame tu código y puedes irte, tengo trabajo extra que hacer.

Su falsa modestia me molestó, pero solo le di los datos y me fui, poco dispuesta a soportar a una tonta como ella.

A la mañana siguiente, llegué al trabajo como siempre; sin embargo, enseguida noté que algunas personas andaban a la carrera y, tras llegar a mi departamento, encontré a mis compañeros bastante preocupados, mirando sus computadoras y casi llevándose las manos a la cabeza.

—¿Qué está pasando? —inquirí y me sorprendí de cómo, apenas notar mi presencia, las miradas acusadoras no se hicieron esperar.

Entonces, como si lo tuviera planeado, Benjamin salió de su oficina hecho una furia y me encaró.

—¡Blair, qué demonios hiciste! —espetó.

Fruncí el ceño sin entender. ¿Qué demonios le pasaba a este estúpido?

—¿De qué hablas?

La indignación se apoderó de la cara de Benjamin.

—Esta mañana todos nos dispusimos a hacer nuestro trabajo, ¡pero resulta que la base de datos fue borrada de tajo! Los técnicos rastrearon el error, ¡y descubrieron que la operación se produjo en tu lugar!

Solo entonces me percaté de la presencia de algunos miembros de informática y arrugué la cara.

—Yo no hice nada —me defendí de inmediato—. Me fui temprano a casa porque estaba cansada.

Benjamin, reacio a creerme, arrugó la frente, la ira bordeando y apoderándose de su expresión.

—¡No mientas! El registro dice que sellaste tu salida a las siete treinta y dos de la noche, que casualmente son solo unos minutos después de que se produjera el error.

—¿Qué? La asistente de recursos humanos dijo que cargaría mi salida. Me fui mucho antes que eso, ¿no hay cámaras de vigilancia para constatarlo? Perdí mi identificación, por eso tuve que ir con ella.

Trataba de mantener la compostura, a pesar de que todo lo que quería en ese momento era darle un par de bofetadas al maldito por tomarse la libertad de gritarme a la cara.

Benjamin frunció el ceño, se volvió hacia mi escritorio y espetó:

—¿Identificación perdida? ¡¿Te refieres a esta?! —Agarró algo de la mesa y casi me lo lanzó a la cara.

Oh, sorpresa, era mi identificación..

—Estaba perdida. Me fui sin ella ayer por eso.

A Benjamin se le brotaron las venas y quiso ahorcarme, se le veía de lejos, pues el problema de la base de datos era horrible, tanto que ni los técnicos consiguieron traerla de vuelta.

El CEO debía volver pronto y esta era su primera semana en el cargo de su vida. Que uno de sus subordinados metiera así la pata, y yo, a quien debía considerar una desgraciada…

—¿Sabes lo que hiciste? Estás comprometiendo el proyecto para todos. ¿Qué crees que hará el CEO cuando se entere? ¡Estás retrasándolo todo!

Aunque yo no sabía nada, la complacencia bañó a una Helen que se mantenía a una distancia prudencial, contemplando el espectáculo.

—Pues te digo que yo no lo hice, así que no tengo ni idea de lo que hablas, ¿No hay circuito cerrado aquí? Tengo que ver las cámaras.

—¡Deja de poner excusas, Blair! —Benjamin me agarró de pronto de los hombros con fuerza—. ¡Tu salida fue reportada justo después del error, Blair, a quién quieres engañar!

Las murmuraciones no se hicieron esperar, y yo, que me preguntaba cómo demonios había pasado esto, de pronto vi a Helen y sentí que ella tenía algo que ver.

No obstante, una voz resonó, silenciando a todos en la sala.

—¿Qué está pasando aquí? ¿A qué se debe este alboroto?

—Señor Engel, Blair borró partes de la base de datos de la empresa que incluyen contenido clasificado, los datos de los estudios hechos hasta ahora, y los técnicos no encuentran cómo recuperarlos.

Dominik, en un traje que le sentaba de perlas, frunció el ceño.

—¿Dónde se produjo el error?

—En la estación de Blair —acusó Benjamin enseguida, como un niño malicioso que acusaba a su hermano con su madre.

—¿Tú? —inquirió el pelirrojo medio sorprendido, pero yo no dije nada.

—Sí, señor Engel, ella —intervino Helen, valiente al darse cuenta de que el CEO podría despedirme de un tirón—.Sigue diciendo que no hizo nada, pero su tarjeta señala que se fue justo después de que se produjo el error.

Dominik pasó la vista por todos y suspiró.

—Bueno, hablaremos de eso más tarde. Permiso.

Se metió entre ellos y se sentó frente a mi computadora; acto seguido empezó a clicar y escribir cosas. Fui hasta allí, curiosa, y solo vi las pantallas para acá y para allá.

Vio que ni siquiera los respaldos funcionaban, lo que le indicó que, o bien lo había hecho un experto, o alguien que no tenía ni idea de en dónde se metía.

Benjamin, otrora nervioso, se sintió complacido al ver que incluso el jefe tenía problemas, porque eso sin dudas significaba que yo sería despedida y podría burlarse de mí.

—Señor Engel, ya ve que no es posible —murmuró Helen con falsa preocupación en su tono.

Pero el pelirrojo clicó y tecleó, y las ventanas fueron y vinieron con velocidad impresionante, dejándome maravillada. Entonces, él entró a una ventana llena de símbolos que no entendía al completo y tras teclear algunas cosas, menos de un par de minutos después, suspiró.

—Listo, ya está. Tampoco fue tan grave. Ustedes aún no conocen del todo la base de datos, y eso está bien, pero deben asegurarse de no cometer errores como estos de nuevo, o comprometerán la posición de la empresa.

La realidad nos dejó a todos boquiabiertos y, con cierta indignación, Helen no pudo evitar espetar:

—Todo es culpa de Blair, ella es la única responsable.

Tras levantarse, Dominik me miró y, con el ceño fruncido, ordenó:

—Venga conmigo.

El silencio se hizo en la sala, y una cosa fue segura: sería despedida.

Lo seguí, y a Paul, a su oficina, en tanto Helen parecía complacida, e incluso murmuró «Ya caíste, perra» por lo bajo.

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