Capítulo 1 Segundo round.
El impacto de un jarrón de cristal de exquisito gusto y diseño exclusivo para la familia Castro, rompió el silencio asesino entre esas dos mujeres.
Paola solo apretó los labios, los cristales cortaron sus pies en varias partes aunque la sangre aún no se hacía visible.
Carolina había lanzado un jarrón valuado en trescientos mil pesos en su dirección solo para torturarla.
La humillación era costumbre…
La sangre era nueva.
— ¡Ya estoy cansada que una cualquiera… una puta como tú se mueva por la mansión como si fuera digna! ¡Te metes a la habitación de mi esposo con total soltura presumiendo un derecho que me pertenece! ¡No voy a tolerarlo más!
Carolina Castro, la esposa del poderoso Rafael Castro estaba mostrando finalmente su verdadera cara.
— Carolina creo que…
— ¡Carolina!— interrumpe la señora con un jadeo de sorpresa y frunciendo el ceño— No igualada soy señora, ¡LA SEÑORA DE ESTA MANSION! Y por tu culpa tendré que ir de nuevo a ponerme botox— Dice poniendo las yemas de sus dedos entre las cejas un momento— Aunque te cueste aprender de modales, yo me encargaré que lo hagas, maldita huérfana de mierda…
— No te permito que me hables así…— Comienza Paola sintiendo que cada palabra atravesaba su pecho.
El dolor de los cristales en su cuerpo era nada ante el peso de saberse en deuda y la lealtad que le pedía Rafael todas las noches.
El hombre encargado de ayudarla a crecer en este mundo, ahora la necesitaba… Pero todo tenía un límite y Carolina acababa de romperlo.
‘Lo lamento Rafael pero esto ya cruzó una línea que no pienso soportar’ pensó Paola decidida.
— ¿Tu no me permites? — Dijo con desprecio y burla la mujer— No olvides que hasta entre perros hay clases y tú no eres más que una arribista venida a más por… — Ella guardó un silencio calculado.
Paola sintió su piel erizarse ante el escrutinio de pies a cabeza de parte de Carolina.
— Usar a mi esposo para subir de jerarquía en el mundo empresarial, aunque dudo que abriendo las piernas consigas algo más de lo que ya tienes.
Paola cerró los ojos un solo segundo.
“De cualquier manera no me puedo ir de aquí antes que termine el plazo acordado, entonces que todo se vaya al carajo, ¿quiere jugar? Bien hagámoslo” pensó justo para responder.
— Pues dudo que sea una estrategia demasiado distinta a la que utilizaste tú con Rafael…
— Maldita…
— No…— Interrumpió Paola agotada de tantos meses de desprecios a pesar de tratar de pasar desapercibida en esa enorme mansión, nada cambió.
De nada servían mil habitaciones, si en cada una de ellas era presa de la misma ponzoña.
Paola sacó el pecho y se mostró segura de sí misma.
— Según sé, tú no eras muy distinta a mi cuando él te encontró en medio de una…
Las palabras se estancaron en la garganta de Paola, una bofetada la había cruzado con toda la rabia que Carolina tenía contenida.
La piel se calentó ante el impacto y el calor corrió por todo su cuerpo.
Ella jadeó al caer en el suelo sobre los restos de cristal.
‘Genial ahora también tengo cortadas las manos’
— Tú y yo no somos iguales maldita basura, no te atrevas a compararte conmigo, mi pasado no tiene nada que ver con la mujer que soy ahora y no voy a perdonarte que lo digas en voz alta… Yo me casé con el señor de la casa y tú… tú…
— Yo también lo hice con su hijo.— Responde Paola al levantarse e ignorar el dolor en cada una de las cortadas al quitarse los pequeños cristales.— Ambas somos Castro, Carolina. Casándonos para entrar en su círculo, la única diferencia es a cuál de las dos nos toleran en la cama.
Paola observó a Carolina y avanzó con paso sigiloso, sintiendo el frío recorrer cada uno de sus músculos.
La señora sonrió.
— Hay algo que se te olvida, ese al que llamas tu esposo, del que te llenas la boca al hablar, no hace mas que odiarte con cada aliento, su padre tuvo que obligarlo a firmar el registro de matrimonio en base a amenazas— Los ojos oscuros como la noche de Carolina brillaron al ver el dolor en el rostro de Paola— ¿Qué? ¿Te molesta? ¿Te duele?
Paola se detuvo a solo unos cuantos pasos de distancia de esa mujer.
— Bueno, espero no se te olvide, tú no eres más que una mujer utilizada por los hombres de la mansión, un juguete que se comparten entre padre e hijo… Solo espero a que el plazo de matrimonio venza para que se deshagan de ti como la perra calien…
Ahora la que se queda en silencio es Carolina al recibir una bofetada de Paola.
La mujer se giró acariciando su mejilla sin poder creer lo que esa había hecho.
Pero Paola ya no era más un fantasma queriendo perderse entre los caros cuadros que adornaban la mansión, ahora sería la mujer del heredero de la familia Castro, aunque fuera un lugar prestado y temporal.
— ¿Qué crees que hiciste?
— Lo mismo que tú, me contuve por meses y no te habría tocado si tu no lo hacías— Paola se encogió de hombros — Ahora las cosas cambiarán, así como me trates, te trataré y si me respetas voy a hacerlo de regreso… Pero cualquier cosa que me hagas te la regresaré querida suegra.— susurró con desdén calculado pero calló al escuchar que unos pasos firmes y constantes anunciaban la llegada de alguien más.
Sin querer aceptarlo, su cuerpo reconoció el ritmo de los pasos acercándose incluso antes que su mente lo hiciera.
Maldita memoria muscular.
Ella se limpió la sangre que tenía en la mano con su propia ropa sin notarlo y envaró la espalda.
‘Hora del segundo round’
