Capítulo 37 Aceptaron su destino.

Erika abrió la puerta de la oficina de Elías como si fuera su casa.

Cada uno de los pasos era una sentencia de su furia.

Los labios de Erika temblaban con desesperación.

— ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué lo hiciste?! Desde siempre has sido mío y solo mío.

Ella se acercó a su escritorio y se recargó en su ...

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