Capítulo 5 No me necesita.
Paola se quedó en silencio, mordiéndose el labio hasta que siente el sabor a hierro en su lengua.
El espacio entre ellos se redujo a nada. Una ilusión peligrosa.
Delicada e inexistente.
Elías no pudo contenerse y bajó el rostro, inhalando de forma discreta ese olor que lo tenía vuelto completamente loco.
Ese perfume que ella jamás cambiaba, que sabía era un regalo de su padre.
Miró sus labios rojos, lastimados, y lo único que deseaba era acercarse y besarlos hasta curar cada herida.
Un rugido de furia se presentó aruñando su pecho.
— Dime, ¿piensas usarlo con mi padre? ¿Él te complace a pesar de su edad?
Elías se concentró en herirla, se concentró en decirle sus verdades, no solamente para recordarle a ella cuál es su posición, sino a él mismo cuál es la suya.
Que ella era la amante de su padre a pesar de estar casada con él.
‘Me perteneces pero solo en un papel, solo bajo la tinta’ Pensó saboreando el perfume de Paola en su paladar.
— ¿Para qué preguntas? No te importa lo que yo haga, no hay necesidad de ser tan obsesivo— declaró Paola y dispuesta a dar un paso más ante sus provocaciones continuó— ¿O qué, piensas hacerle una competencia? ¿Piensas ponerte a tú por tú contra tu padre? — Cuestionó utilizando una estrategia por primera vez, la de la confrontación, la de la provocación, esa misma que sentía cada vez que la tocaba.
‘Porque la rabia no solo yo tengo que sentirla, porque la frustración no solamente será por mí.’ Pensó Paola.
Elías la soltó por instinto, como si la quemara su toque.
Se mordió por dentro de los labios observando la respiración acelerada de esa mujer como su pecho subía y bajaba de forma rítmica.
— Por supuesto que no, no te daría el gusto. Jamás sabrás lo que es estar con un hombre como yo.— Declaró respirando agitado.
El aliento de ella lo acariciaba, reduciendo sus barreras en un chiste de mal gusto.
‘Solo es un milímetro, un solo acercamiento y podría comprobar, como sabe… Si su instinto de lucha es igual en la cama’
Jadeó frustrado, salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de su espalda.
—No debería desear con tanta intensidad al amante de mi padre— susurró alejándose de la habitación aún con la lencería quemando sus manos.
Paola siguió adentro con la respiración contenida en su garganta y en cuanto él se fue sintió el vacío de su ausencia reclamándole el calor que corría sus venas y la necesidad de…
— Suficiente.— Se dijo a sí misma— ¡¿Qué parte de todo esto te parece cuerdo?!— se gritó furiosa.— No, no, cada latido de mi corazón es rabia, no deseo.— declaró respirando profundo y cerrando los ojos.— Tranquila, todo ya que se va a terminar.
Tomó el teléfono, hizo una llamada y susurró.
—Necesitamos vernos, fue un error enviar el paquete a la mansión Castro, lo he perdido.
Al día siguiente, a la hora del desayuno, todos se encontraban en silencio.
Carolina, Rafael y Paola.
Elías llegó y Paola sintió que cada una de sus terminaciones nerviosas se despierta.
‘¿Cómo puede jugar con mi cuerpo así, sin esfuerzo, sin necesidad?’ pensó sorprendida, consciente de cada uno de los movimientos de Elías, hasta que se sentó a un lado de ella.
— Buenos días.
— Buenos días, hijo. Es momento de desayunar juntos, como familia. — susurró Rafael, con la voz un poco más ronca y delicada.
‘Está esforzándose por mantener la rutina’ Paola le sonrió fingiendo alegría.
El olor a flores de Paola envolvió a Elías y apretó las quijadas.
Cada día era la misma tortura.
— Creo que deberíamos concentrarnos en los vestuarios que vamos a utilizar para este mes de galas— susurró Carolina, ignorando por completo a Paola, quien se concentra en ponerle mantequilla a su pan.
Carolina continúa con algo distinto.
— No deberías, cariño… ¿Sabes cuántas calorías tiene ese pequeño grupo de grumos y manteca? Te pondrás más… como decirlo… redonda— declaró Carolina con una sonrisa.
Paola levantó la vista y sonrió de lado hacia ella sin dejar de preparar su pan.
— La manteca es suficiente para hacerme feliz— susurró Paola, al darle una mordida al pan tostado, de forma tranquila.
Rafael sonrió y bajó la mirada para continuar desayunando.
Pero Elías se agarró a sus muslos por el deseo de extender su mano y limpiar las delicadas moronas que quedaron regadas en los labios y mejilla de ella.
‘No sabe ni comer, parece una niña pequeña, descuidada y sucia’ piensa consiente de la otra mordida que le da al pan.
Paola mueve la mano de forma discreta y mueve la taza de café derramándola por la mesa.
Todo pasa demasiado rápido, el líquido humeante busca la piel de Paola como objetivo, pero el reflejo de Elías es más rápido incluso que su mente: interpuso su pierna en el camino, recibiendo la quemadura por ella.
— Lo siento, ¿te encuentras bien? ¿Estás bien? Debe ser doloroso— susurró Paola, nerviosa buscando una servilleta para limpiarlo.
— ¡Eres una torpe…! — Gritó Carolina — ¡No sabes ni comer!
Antes de que Elías dijera cualquier palabra, en ese instante, Rafael se levantó, se acercó a Paola, tomó su mano y preguntó:
— ¿Te encuentras bien, cariño? ¿Estás tranquila?
Esa reacción, ese movimiento de confianza al agarrarle la mano frente a todos hizo que Elías simplemente se gire, furioso por haber caído, al ver a su padre preocupado de ella.
‘No me necesita. No me necesita para protegerla, cuando lo tiene a él’ Pensó sintiendo que su corazón se apretaba al verla sonreírle frente a todos.
