Capítulo 6 ¿Lo sabías?
Paola solo veía una cosa.
Elías se había acercado a ella…
Había odiado vela sonreírle a Rafael.
—Deberías estar tranquilo, siénta…—le dijo Paola.
— No. —Dijo Elías con firmeza tomándola de la mano y sin pensar la sacó del comedor.
—Suéltame Elías… — Dijo Ella sin poder creer que la estuviera jalando frente a todos, después de ese momento en su habitación le había sacado la vuelta.
Ella consiguió soltarse.
Y en medio de jadeos gritó.
—Ya déjame, no creo que tu actuación de esposo preocupado por mí sea correcta, me has sacado la vuelta como si fuera la peste todo este tiempo y ¿ahora te molesta qué cosa? Que este cerca de tu padre? ¿Que haya sonreído en agradecimiento por su preocupación? Elías déjate de cosas.
—No, tu eres quien tiene que olvidarse de todo, de este dinero, de mi familia, de mi padre, estoy harto…—Dio bufando en lugar de respirar—todas tus acciones son una burla a mi cordura, sé que eres su amante…
Elías se acercó a ella haciéndola retroceder.
—Pero tampoco estoy dispuesto a ser alguien que te festeje tus asquero…
Una bofetada cerró su boca sorprendiéndolo.
Incluso Paola estaba sorprendida también jamás había dado una bofetada y ahora en solo unos cuantos días estaba repartiendo todas las que había deseado dar en silencio.
—Ya estoy cansada que creas puras mentiras he pasado meses tratando de hablar contigo para que entiendas la verdad, pase semanas luchando con el instinto de disculparme con todos cuando no he hecho nada malo y sin importar qué pase voy a disfrutar firmar el acta de divorcio.
Elías soltó una risa amarga.
— ¿Tu? ¿Deseas divorciarte de mí? Es una locura pero yo seré el primero en firmar ese maldito papel y nada va a impedírmelo…
Elías se dio media vuelta y salió de ahí huyendo de ahí para terminar con esa maldita conversación.
Abrió la puerta de su oficina y la cerró con un estruendo.
—No esa mujer no me va a vencer.
Cerró los ojos y se encontró con ese maldito recuerdo.
Esa noche se había quedado en la oficina demasiados pendientes y poco tiempo.
La puerta se abrió y su padre había llegado con actitud autoritaria.
—Elías necesitamos hablar.
—No puedo estoy ocupado—Había dicho sin siquiera levantar la mirada de los documentos sobre su escritorio.
Todo se mantuvo en silencio hasta que Rafael volvió a hablar.
—Necesito que te cases.
Él soltó la risa como si se tratara de una broma.
— No creo que mi novia quiera casarse.
— Esa mujer era poco menos que una arrastrada que solo deseaba tener nuestro apellido en su nombre.
Elías levantó una ceja recargándose en el respaldo.
—Con quien me case n es asunto tuyo…
—En eso te equivocas querido hijo.
— ¿Querido? Cariño de tu parte no es algo normal.
—No son necesarias tus puyas, solo quiero decirte que tu prometida llegará mañana lista para tomar tu mano con una sonrisa en los labios.
— ¿Ya la elegiste? ¿No fue demasiado trabajo?—preguntó Elías con sarcasmo.
—Al contrario fue todo un placer. Nada de lo que digas hará que cambie de parecer, ella no quiere nuestro apellido me aseguré de eso, ahora solo te queda firmar.
—No soy una marioneta como todos tus empleados.
—Eso es lo que crees. — Una mirada aterradora quedó en el rostro de Rafael —Pero si no te doy nada de lo que tengo no serías nadie, sin mi empresa nada de lo que haces tendría sentido, tu realidad es como una maravillosa fantasía en la que puedes hacer lo quieras pero siempre tienes mi nombre de respaldo.
Elías se había levantado de la silla con tanta fuerza que cayó en el suelo.
— ¡No voy a casarme con una desconocida! Si no me quieres dejar un peso no te preocupes yo mismo puedo encargarme de hacer mi propia fortuna, mi inteligencia no va ligada a tu apellido.
Elías se había salido de la oficina pero Rafael lo siguió preparado para dar la estocada final.
— ¿Y tu madre?
Elías se había congelado en el pasillo.
Sus manos se habían puesto blancas por la fuerza.
—No creo que la quieras atener como una prisionera—Continuó Rafael—Mirando solo entre estas cuatro paredes lo que las demás tienen y ella solo puede desear, o tal vez tu hermana.
Elías había podido evitarlo más y se dio media vuelta.
— ¡Con ellas no te metas! Exigiste que levantara el grupo Castro y lo hice, he pasado cada una de mis horas pensando en cómo hacer prosperar esa basura que tenías por imperio.
— ¡Cállate! Ahora no es que tengas muchas opciones solo serán seis meses en los que podrás estar con una mujer amable, dócil y sobre todo sincera, tal vez aproveches la oportunidad y te quedes con una buena mujer y me des un nieto de paso.
— Eres un monstruo…
—Y realmente no me conoces, no sabes de lo que soy capaz por conseguir lo que quiero, lo que este imperio necesita…
Rafael se había acercado a Elías y puso su mano en el hombro.
—Sé que la noticia te sorprendió pero mírate ya eres un hombre fuerte, íntegro y próximamente casado con una increíble mujer.
Elías se había soltado del agarre de su padre de un solo movimiento y se alejó del lugar.
Podría luchar contra su padre, incluso renegar de toda su fortuna e iniciar su propia fortuna y poder pero…
Cerró los ojos deteniéndose a mitad del pasillo.
Su hermana y su madre no podrían pasar por ese calvario a su lado.
No después de verlas vivir entre lujos y opulencia.
Elías había apretado las quijadas.
Y tomó una decisión.
Se casaría con esa mujer tal vez no fuera la escoria que creía que era.
Él había abierto la puerta de su habitación para escuchar lamentos que provenían de su cama, una sombra cortada a contra luz anunciaba su presencia.
—Madre…
— ¡Elías!—Había gritado con un tono desgarrador.—Hijo, no sé cómo pudo… tu padre… tu padre…
—Ya madre no te preocupes todo se va a arreglar en solo unos meses.
— ¿Lo sabías? — Preguntó ella conteniendo el aliento.— ¿Sabías que tu padre tiene una amante?
