Capítulo 23 Velocidad Terminal II

Doy una vuelta. Dos. Tres. Y con cada giro, la Eylin prudente, la Eylin que elige servilletas marfil, se va quedando atrás, disuelta en el olor a gasolina. 

Empiezo a anticipar las curvas y a sentir el coche como parte de mi cuerpo.

—Eso es.—escucho la voz de Dastian, no un grito, sino un gruñido de...

Inicia sesión y continúa leyendo