Capítulo 37 Tierra Quemada

El silencio dentro del coche es absoluto, roto solo por el zumbido del motor y mi propia respiración entrecortada.

Miro por la ventanilla, viendo cómo las luces de la ciudad se convierten en líneas borrosas a través de mis lágrimas. He dejado atrás la mansión de mis padres, la cara destrozada de Leo...

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