Capítulo 4 La Jaula De Cristal II

Se aleja un paso, rompiendo la burbuja de calor, y vuelve a adoptar su postura de ejecutivo implacable.

—Vas a ser mi Asistente Ejecutiva Personal.

Abro la boca, horrorizada ante sus palabras.

—¿Qué? No. Soy analista de marketing, no secretaria. No estoy cualificada para…

—He revisado tu expediente. Estás sobrecualificada para el puesto que tienes, desperdiciada bajo el mando del inútil de Martínez.— interrumpe con autoridad— Te necesito a mi lado. Quiero a alguien inteligente, rápido y que ya sepa… anticipar mis necesidades.

—No puedo.—insisto con el pánico creciendo.

Si trabajo con él todo el día, Leonidas se enterará. Mis dos mundos chocarán y la explosión me matará.

—Renuncio.

La sonrisa de Dastian desaparece.

Al instante, su rostro se vuelve una máscara de hielo impenetrable.

—Si renuncias, me aseguraré de que ninguna empresa en esta ciudad te contrate. Tengo ese poder, Eylin. Muevo un dedo y tu currículum se convierte en papel mojado. ¿Realmente quieres explicarle a tu familia por qué dejaste un trabajo estable el día que llegó el nuevo dueño con un aumento de sueldo?— amenaza.

Me tiene acorralada.

Sabe que necesito el trabajo para mantener mi independencia. Sabe que no puedo justificar una renuncia abrupta ante mis estrictos padres sin levantar sospechas de algún escándalo.

Lo miro a los ojos, sintiendo una mezcla de admiración retorcida y furia.

—Juegas sucio.—suelto con mi voz cargada de veneno— Manipulas a las personas como si fueran piezas de ajedrez solo porque puedes.

Dastian no se inmuta.

Al contrario, parece disfrutar de mi resistencia.

—El mundo es un tablero, Eylin. Y yo soy el rey.— declara dando un paso hacia la puerta— Empiezas mañana a las ocho en punto. Mi oficina. No llegues tarde.

Se da la vuelta con una arrogancia que me hierve la sangre.

Pero justo antes de salir, se detiene con la mano en el pomo de la puerta.

—Ah, y una cosa más…— dice, sin siquiera girarse— Mañana intenta no usar ese perfume de vainilla. Me distrae. Y necesito estar concentrado.

—¿Concentrado?— pregunto, confundida por el cambio de tema, intentando recuperar el aliento.

Él se gira finalmente, apoyando el hombro en el marco de la puerta, mirándome con una expresión de fastidio, como si tuviera cosas más importantes que hacer que atormentarme, aunque sé que lo está disfrutando.

—Tengo un almuerzo familiar mañana.— dice casualmente, revisando su reloj de oro— Una de esas obligaciones tediosas que vienen con el apellido. Mi tía insiste en hacer un asado de bienvenida porque hace años que no visito la ciudad. Además, dice que tengo que conocer a la prometida de mi primo. Que es mi obligación como miembro de la familia.

De pronto, el mundo se detiene. Y el suelo bajo mis pies desaparece como si se hubiera abierto una trampa.

—Dicen que es una santa, la definición de la virtud.— se burla.

Nada más escucharlo, me hace sentir que la sangre abandona mi cerebro de golpe, dejándome mareada.

Me aferro al borde de la mesa para no colapsar.

Las dudas y las sospechas, invaden mi alma.

Sin embargo, me niego a aceptarlas.

Es demasiada casualidad.

Lo que de repente estoy pensando, no puede ser cierto. Sería uba broma cruel y horrible del destino.

No creo tener tan mala suerte. ¿O si?

—¿Tu… tu primo?— pregunto, con un hilo de voz que apenas sale de mi garganta seca.

Dastian asiente, completamente ajeno a que acaba de lanzar una bomba nuclear sobre mi existencia.

—Sí. Un tipo aburrido, estricto, demasiado correcto para su propio bien. Se llama Leonidas.— rueda los ojos con un desdén fraternal— Probablemente lo conozcas, la élite de esta ciudad es un pañuelo. En fin, hasta mañana a las ocho, Eylin.

Sale de la sala y la puerta se cierra.

Me quedo sola en la sala de juntas, temblando violentamente, con las náuseas subiendo por mi garganta.

¡No puede ser!

Él es el primo.

Dastian Blackwood, el hombre que me hizo gritar como una perdida, el hombre que ahora controla mi carrera y que cree que soy una chica soltera y disponible… es el primo de Leonidas.

Y mañana, en ese asado, cuando yo entre del brazo de Leonidas vestida de niña buena, Dastian estará allí.

Estoy muerta.

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