Capítulo 40 CAPÍTULO 40 El orgullo desgarrado

En la amplia sala de estar, Bianca continuaba golpeando la pantalla de su teléfono con movimientos bruscos y frustrados. Tenía el rostro completamente enrojecido, las cejas fruncidas y las comisuras de los labios tensas en una mueca de furia que ya no podía ocultar.

—¡Es un verdadero descarado!...

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