Capítulo 9 Rafael: “Bella es mi futura esposa”

La mandíbula de Mateo se tensó y sus dedos se cerraron en puños a los costados de su cuerpo. Exhaló profundamente, intentando disimular el torbellino emocional que estallaba de repente en su interior.

Bianca, al notar el cambio en la expresión de Mateo, se sintió aún más irritada. Sus labios se curvaron en una mueca sutil, apenas ocultando su rabia. Sin embargo, Mateo no reaccionó. Su mirada permanecía clavada en Bella, en una mezcla de admiración y furia que no lograba controlar.

Rafael, consciente de las múltiples miradas —incluida la punzante de su hermanastro—, irguió el cuerpo con más fuerza. Condujo a Bella hacia el centro del salón, como si quisiera dejar claro ante todos, y especialmente ante Mateo, que ella estaba con él.

Mientras tanto Bella, sintiendo el peso de las miradas desde todas direcciones, especialmente la escrutadora de Mateo, volvió a bajar el rostro con torpeza. Sus mejillas se encendieron, no solo por la vergüenza de estar en una fiesta tan lujosa, sino porque era plenamente consciente de que Mateo no había dejado de observarla ni un segundo.

Bianca palmeó ligeramente la mano de Mateo y dio medio paso al frente, captando la atención de los invitados con una voz sonora y cargada de confianza.

—Queridos amigos —dijo con tono jovial—, esta noche me siente verdaderamente feliz. No solo porque celebro mi cumpleaños con todos ustedes, sino porque hay una invitada muy especial presente en esta fiesta.

El ambiente se sumió en un silencio momentáneo. Varios pares de ojos siguieron la dirección de la mirada de Bianca, quien observaba deliberadamente a Bella. Bianca esbozó una sonrisa ladeada, con los labios curvados de forma maliciosa.

—Se trata de una joven que ha servido fielmente a la familia De Villena como una empleada doméstica diligente y obediente —su voz enfatizó con saña la palabra empleada. —Sí, este es mi pequeño gesto para valorar sus servicios: una invitación especial para asistir a mi fiesta de cumpleaños.

Los susurros estallaron de inmediato entre los invitados. Algunos se cubrieron la boca por la sorpresa, mientras otros sonreían con burla y curiosidad.

Bella se quedó paralizada en su sitio, con el rostro ardiendo de humillación. Sentía el pecho oprimido, como si el mundo entero la señalara con desprecio. Sus dedos, que sujetaban un pequeño bolso, temblaban imperceptiblemente.

Rafael, de pie a su lado, se tensó al instante. Su mirada se clavó en Bianca, fría y llena de desaprobación. Con un movimiento sutil, tomó la mano de Bella, dándole a entender que no estaba sola.

Por otro lado, Mateo no pronunció palabra. Sin embargo, el aura a su alrededor se volvió repentinamente aterradora. Miró a Bianca con una frialdad capaz de estremecer a cualquiera. Para los invitados, Mateo simplemente parecía estar más rígido de lo habitual, pero Bianca pudo leer algo más: Mateo no estaba enojado por el estatus de Bella; Mateo estaba furioso porque Bianca acababa de lastimar a la joven.

Antes de que la humillación fuera más lejos, Rafael respiró hondo y dio un paso al frente. Su voz estalló en medio del silencio, clara y contundente.

—Es verdad —dijo Rafael—. Ella trabaja en la mansión de la familia De Villena.

Bianca sonrió satisfecha, creyendo que había ganado el juego. Sin embargo, esa sonrisa se desvaneció en un segundo cuando Rafael continuó:

—Pero es mi novia —sentenció con firmeza. Sus ojos miraron a Bella con absoluta convicción frente a todos. —Una joven hermosa de corazón sincero que será doctora, y Bella es mi futura esposa.

La atmósfera de la fiesta se congeló en el acto. La copa de vino en la mano de uno de los invitados casi cae al suelo por la impresión. Bianca quedó boquiabierta, su rostro palideció antes de tornarse rojo de pura rabia y vergüenza.

Bella giró rápidamente hacia Rafael, con los ojos desorbitados por la incredulidad. Su corazón latía tan fuerte que sentía un pitido en los oídos. Quiso protestar, pero la lengua se le sentía entumecida. Aquella confesión fue como un impacto que sacudió los cimientos de su mundo.

Mateo se tensó violentamente. Cerró la mandíbula con fuerza y el vaso de whisky en su mano vibró levemente por la presión excesiva de su agarre. Su mirada ahora emanaba un odio puro hacia Rafael. Su aura de cólera era tan real que los invitados cercanos retrocedieron un paso por reflejo.

Bianca, incapaz de soportarlo más, se giró hacia Mateo con voz chillona: —¿Has oído eso, Mateo? Él se atreve a...

Las palabras de Bianca se ahogaron en su garganta al ver el rostro de Mateo con claridad. No era el rostro de un prometido ofendido porque la dignidad de su familia fuera dañada por Rafael. Era el rostro de un hombre consumido por unos celos devastadores.

“No puede ser... ¿Realmente estás celoso de esa criada, Mateo?”, pensó Bianca con el corazón destrozado.

Mateo seguía en silencio. Su universo ahora se concentaba en un solo punto: la mano de Rafael, que aún sostenía con fuerza la de Bella en medio de la multitud que comenzaba a bullir con el escándalo.

“La novia de Rafael es mucho más hermosa que la prometida de Mateo”.

Ese era el murmullo dominante. Esa noche, la fiesta de cumpleaños de Bianca se convirtió oficialmente en un campo de batalla emocional que sentenció a muerte la relación entre ambos hermanos.

Mientras tanto, Bella permanecía estupefacta, sin saber qué hacer. Solo una cosa estaba clara: la confesión de Rafael lo cambiaría todo, y Bella sabía que Mateo estaría más furioso que nunca con ella.

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