Capítulo 2 La mayor confusión

​—¿Q-qué haces? —titubeó. 

Joshua se separó de ella y en cuanto la vio a los ojos, notó un pequeño sonrojo que lo hizo parpadear. 

Últimamente Verónica estaba muy estresada por el tema de su padre y Joshua lo entendía, pero en ese momento... notó algo diferente en ella. Ese tierno gesto le recordó mucho a cuando se conocieron. 

—Necesito hablar contigo. ¿Por qué te ves tan extrañada? —comentó. 

—Estoy un poco estresada, es todo —respondió, retomando la compostura que solía tener su hermana—. ¿Qué necesitas de mí? 

«Que no me haga preguntas difíciles, por favor» rogó en su mente, sintiendo una pequeña gota de sudor recorrer su frente. 

—La sopa de esta noche es el plato principal, ¿no? —cuestionó, caminando por la cocina—. Quiero que hagas tu mejor esfuerzo en preparar esta sopa porque en dos semanas habrá un evento importante de la mano de Vanguard Haute. 

Valeria abrió los ojos al escuchar ese nombre. Joshua estaba hablando de la empresa de moda de alta costura francesa más influyente del siglo, famosa por dictar las tendencias globales y vestir a la realeza y a las celebridades de Hollywood. 

—¡¿Vanguard Haute?! ¿Hablas en serio? 

Joshua frunció el ceño. 

—¿Por qué mentiría con algo tan grande? —se cruzó de brazos—. Su gala benéfica anual de invierno es el evento más exclusivo del planeta. Me invitaron para que mi equipo prepare el menú de esa noche, no puedo perder una oportunidad como esta. Si quiero escalar más allá de nuestro país y ser reconocido a nivel mundial, este es el primer paso. 

—Una sopa no será la mejor opción —murmuró Valeria, mordiéndose una uña. 

Ella sabía perfectamente que una simple sopa como plato principal no daría la talla para una empresa de alta costura. 

—¿Qué propones? 

​—Entiendo que quieras la sopa, pero para una gala tan grande como esa necesitamos algo más creativo y elegante —dijo, intentando que no le temblara la voz mientras sostenía la mirada de ese hombre—. Una sopa solo los va a decepcionar, ellos seguro quieren arte visual.

Joshua sonrió de lado. 

—Hace mucho que no compartes tus ideas respecto a la comida. ¿O es porque Vanguard Haute es tu marca de ropa favorita? No quieres decepcionarlos, ¿cierto? —habló. 

Valeria parpadeó. 

—Ah, sí… —se rascó la nuca. 

De hecho, si conocía esa marca era más que nada por Verónica. Su hermana siempre vestía las prendas más costosas de los mejores diseñadores de Francia y nunca dejaba de presumir sus nuevas colecciones, pero, por mucho que Valeria quería evitar hacerse pasar por ella o alterar su futuro, no podía negar las inmensas ganas que tenía de cocinar para sorprender a los franceses. 

Sentía una profunda ilusión por ese reto.

—Estaba pensando en un salmón rodeado de una costra ahumada de cacao y un toque de anís estrellado, un poco de puré de batata como acompañante y un aire de mandarina para mejorar su sabor. Es un plato estético más que todo, ligero para los diseñadores, pero con un contraste de sabores que jamás van a olvidar. Eso te lo aseguro. 

​Joshua parpadeó, cautivado por la descripción. No podía creer la pasión con la que ella hablaba de los ingredientes, ese detalle le encendió algo en el pecho.

Un hormigueo recorrió su cuerpo, le encantaba cuando Verónica se comportaba tan segura de sí misma. 

—Verónica… —susurró, mirándola fijo. 

Valeria sintió escalofríos porque creyó que había metido la pata. 

—¿Dije algo malo? ¡Podemos conservar la sopa si es lo que prefiere! Yo solo… —sacudió las manos, nerviosa. 

El corazón de Joshua latió con fuerza, casi podía escucharlo. Los grandes y azulados ojos de Verónica lo cautivaron como de costumbre. Era como si su novia estuviera más radiante que nunca. Y su cabello castaño brilló bajo el bombillo. 

En ese momento, Joshua notó que su dedo tenía un ligero hilo de sangre. Una gota cayó al suelo y de inmediato se acercó para sostener su muñeca con el ceño fruncido. 

​—¿Te cortaste otra vez? —cuestionó, atrapando su muñeca.

Valeria sintió un calor extremo recorrer su mano. La de Joshua era enorme, y ese detalle la hizo perder por completo el control de los latidos de su corazón.

—He estado un poco estresada hoy, lo lamento.

—¿Te estás disculpando? —Joshua soltó una risa ronca—. No me interesa tu disculpa, Verónica, y no tolero que seas descuidada contigo misma, pero admito que esa sumisión repentina te hace ver hermosa.  

La mirada que Joshua le clavó en ese momento le hizo sentir mariposas en el estómago. Ella no podía dejar de verlo. La diferencia de alturas,en vez de intimidarla, la hacía sentir protegida. 

«¡Estás loca, Valeria! ¿Cómo puedes sentirte así con el novio de tu hermana solo porque te dio un cumplido?» 

—¡E-estoy en mi período! —mintió. 

Joshua se quedó helado. 

«Sí, definitivamente la cagaste» pensó. 

Valeria quería huir de ese lugar, o simplemente desmayarse y no saber nada más del mundo. Sus mejillas estaban rojas como el tomate. 

Joshua soltó una carcajada. 

​—Lo entiendo. Estás en tus días —confesó.

—Ya basta... 

Joshua tomó la mano de Valeria y la guió hasta su oficina. Ella lo siguió confundida, hasta que vio cómo sacaba un pequeño botiquín de su escritorio. Humedeció un algodón con un poco de alcohol y se acercó, luego tomó su mano con delicadeza y comenzó a limpiar la cortada. 

Valeria se puso tensa, estaba tan nerviosa que no podía evitar sentir cosquillas ante su tacto. Ni siquiera entendía por qué reaccionaba así, pero tal vez se debía a que ningún hombre se le acercaba tanto desde su último novio en la secundaria.  

​—Cacao y salmón... —murmuró Joshua—. Es arriesgado, y brillante. Olvida la sopa, el salmón será nuestro plato principal.

Valeria no respondió, se limitó a observar cómo Joshua la curaba con delicadeza. Un amargo nudo de culpa se clavó en su pecho. No pudo evitar sentirse muy mal al pensar que mientras Joshua la atendía con tanto amor creyendo que cuidaba a su novia, la verdadera Verónica estaba viéndose con otro hombre a sus espaldas.

De repente, Joshua la jaló de la cintura con brusquedad, pegando el cuerpo de ella al suyo. La expresión de Verónica lo estaba volviendo loco. La mezcla de sumisión y nerviosismo encendió su instinto posesivo. No iba a pedirle permiso para hacer algo normal entre una pareja. Se inclinó y le robó un beso con seguridad, un beso que empezó siendo exigente y pronto se volvió ardiente al notar la torpeza con la que ella le correspondió.

Valeria se congeló sabiendo que separarse no era una opción, con el corazón queriendo salir de su pecho. Estaba atrapada entre el miedo a ser descubierta y una oleada de calor que jamás había sentido. Cuando Joshua abrió sus labios en un baile lento, Valeria hizo lo mismo y se permitió disfrutar de esos segundos. 

«¿Por qué no puedo apartarlo?» se preguntó. 

Joshua se separó lentamente, mirándola con los ojos entrecerrados. Él solo estaba reclamando lo que era suyo, pero sin dudas, ese beso se sintió diferente.

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