Capítulo 3 Mariposas
Joshua mantuvo las manos en su cintura, mientras Valeria no dejaba de temblar por lo expuesta que se sentía. No pretendía quitarle el novio a su hermana, mucho menos aprovecharse de él.
Ella no era así.
La culpa la carcomía porque no podía calmar los rápidos latidos de su corazón y tampoco dejaba de sentir cosquillas en sus mejillas. Estaba roja, ansiosa, y esos detalles le encantaban a Joshua.
—¿Qué pasa? —preguntó él, acariciando su rostro con el pulgar—. No es la primera vez que nos besamos. Aunque esta noche estás más dócil, y me fascinan todas tus facetas.
Joshua estaba acostumbrado al carácter caprichoso y soberbio de Verónica. A muchos hombres les habría molestado, pero a él no le importaba en absoluto. Tenía el poder y el dinero para soportar cualquiera de sus rabietas, mientras fuera su mujer, ella podía actuar como le diera la gana con el resto del mundo.
Ella le pertenecía, y punto.
—E-estoy bien. Me tomaste por sorpresa —balbuceó, tragando saliva.
Valeria hizo todo lo posible para retomar la amargura habitual de Verónica. Se aclaró la garganta y desvió la mirada para no sentirse nerviosa.
—Te he dicho que he estado un poco estresada hoy… ya sabes —bufó, haciéndose la dura—. Y supongo que debo agradecerte por poner una curita en mi dedo como si fuera un corte grave. No soy una niña, Joshua.
—Siempre hago lo mismo cuando te cortas y estoy cerca —le recordó—. No podemos arriesgarnos a que le caiga sangre a la comida que le vamos a servir a nuestros clientes, ¿no lo crees?
Joshua se cruzó de brazos una vez que se alejó, apoyándose sobre el escritorio de madera.
Valeria sintió una punzada de decepción ante esa respuesta. En el fondo, había creído ingenuamente que Joshua la había curado por una preocupación real hacia ella, y no solo por asegurar el éxito de la comida.
—Ah, entonces fue por eso… —Bajó la cabeza.
—¿Pensaste que fue por algo más? —inquirió, con una sonrisa pícara porque notó su decepción.
—¡Para nada!
—Fingiré que te creo —le guiñó el ojo—. Ahora tengo que irme a cerrar unos negocios. Regresaré más tarde. Y más te vale que esa sopa quede perfecta, no acepto menos de ti.
Joshua pasó por su lado y le acarició el hombro, dejándola con la piel de gallina. Valeria pudo respirar con normalidad cuando quedó sola y se llevó la mano a su boca, recordando el beso.
—Ese fue mi primer beso… —susurró—. El único novio que tuve fue en la secundaria y estuvimos juntos una semana, tan inocentes éramos . No puedo creer que hasta ahora no haya besado a nadie, ni tenido citas, y venga a robarme el beso ese hombre. ¡Maldición! —se quejó, preocupada.
Aun así, había una chispa de emoción que no podía apagar.
Para distraer su mente, Valeria se enfocó en lo que mejor sabía hacer: cocinar. Empezó con el platillo principal de la noche usando sus propias técnicas secretas, las que Verónica le robó con la excusa de que era por el bien de la familia…
Terminó de sazonar la sopa con la misma pasión de su infancia. El personal de cocina la observó trabajar en silencio, estaban extrañados porque Verónica no les estaba gritando ni tirando los utensilios como de costumbre.
Horas más tarde, Joshua estaba en su oficina mientras el personal cerraba el restaurante. Él probó el plato que Valeria preparó. En el primer bocado, el hombre se congeló. El sabor de la sopa y el ingrediente que utilizó activaron un resorte en su memoria.
—No puedo creerlo… —murmuró, con sorpresa.
Era el sabor exacto de la comida que la niña de su infancia le dio cuando lo salvó. La razón por la que se enamoró de Verónica fue porque probó esa misma sopa en el evento donde la conoció, y sabía perfectamente que se trataba de la misma niña de su infancia.
Durante meses, Verónica le había entregado platos decentes porque seguía las recetas escritas de Valeria, pero a veces carecían del "alma" y el toque exacto. Esta vez, el plato era idéntico al de su recuerdo. Tanto que dudó por un segundo de que fuera otra persona, pero luego recapacitó que siempre había sido ella, su Verónica.
—Qué nostalgia —sonrió.
Joshua se levantó de la mesa. Necesitaba ver de nuevo a Verónica. Regresó a la cocina cuando la mayoría se había ido y Valeria se estaba quitando el delantal, lista para escapar de ese lugar y regresar a su día a día.
Joshua la detuvo en la puerta trasera. Y su mirada fue tan intensa que la hizo parpadear.
—¿Pasa algo? ¿No le gustó la sopa? Los clientes estaban bastante satisfechos cuando… —Joshua le colocó el dedo sobre la boca para silenciarla.
—Tu cocina hoy me recordó mucho a mi pasado. Me salvaste y por eso me enamoré de ti… Quiero que lo tengas presente siempre, porque eres mía y no pienso dejarte, Verónica —confesó, en un susurro ronco—. Quemaría el mundo entero por ti si es necesario, porque te amo.
Valeria se quedó como una piedra, sin entender a qué se refería con el pasado, pero asintió con miedo porque seguro Verónica sabía algo.
—P-por supuesto. Soy la mejor chef de esta ciudad y lo sabes bien… —respondió, con los nervios a flor de piel.
—Tu cocina es la mejor que he probado en mi vida, por eso sé que puedes llegar muy lejos —le mencionó, luego se alejó de ella—. Nos vemos, y no olvides el menú exclusivo que debes preparar para la gala.
—Lo tengo presente —admitió.
«Tengo que informarle a Verónica sobre el salmón»
Joshua se despidió y Valeria huyó del restaurante, subiéndose al auto de Verónica. Había aprendido a manejarlo gracias a ella, solo se lo prestaba cuando tenía que suplantar su identidad.
Valeria sabía que el engaño acababa de volverse mil veces más peligroso y lo mejor sería no volver a hacerlo.
