Capítulo 5 Un gran error
—No puedo creer que te haya besado —mencionó Sara, después de escuchar la confesión de su amiga.
—¡Shh! —Valeria se llevó el dedo a la boca en gesto de silencio—. Trata de no hablar muy fuerte. Todo el mundo conoce a Joshua Miller…
—Ni me lo digas, amiga. ¿Y Verónica lo sabe?
—Todavía no.
En ese momento, Verónica entró a la pastelería que estaba vacía y caminó directo al mostrador, haciendo resonar con fuerza sus tacones.
—¿Ahora qué quieres? —preguntó Valeria al ver de nuevo a su hermana.
—Cállate y escúchame.
Verónica rodeó el mostrador y jaló con fuerza la muñeca de Valeria, arrastrando a su hermana fuera de la pastelería para tener más privacidad al hablar.
—Joshua ha organizado un evento pequeño para mañana, en donde va a presentar un nuevo plato ante todos sus socios —explicó, con los brazos cruzados.
—¿Qué tiene que ver conmigo?
—Ay, por favor, no te hagas la tonta. No sé qué demonios le echaste a la sopa el otro día que lo dejó encantado —se quejó, alzando el mentón—. Pero necesito que me suplantes de nuevo y prepares esa misma sopa. Es obvio que Joshua quiere que haga ese plato para agregarlo al menú tipo sopa exclusiva o algo así…
—¡¿Qué?! Ya te dije que no volveré a hacerlo. Te di la receta cuando me la pediste, ¿por qué no la haces tú misma? Lo único que debes hacer es echarle aceite de trufa —se negó, con horror.
—¡Ese es el problema! —chilló en voz baja—. No me queda igual. Ya la hice, seguí la misma receta y simplemente Joshua no la aprobó. Dice que “le falta algo”.
Valeria rodó los ojos.
—Olvídalo, no quiero volver a tu lugar.
—¡Esta vez será diferente! Yo seré tu acompañante —sugirió, mordiéndose el labio.
—No digas tonterías, Verónica. Se dará cuenta.
—No lo hará. Me haré pasar por ti y tú te harás pasar por mí. Joshua y todos saben que tengo una hermana gemela —aseguró, con una sonrisa maliciosa—. Lo único que debes hacer es preparar esa maldita sopa y ya. Podemos intercambiar ropa en el baño o lo que sea. Ah, y te recomiendo que te hagas este diseño de uñas para que no sospeche.
Verónica mostró sus uñas.
—Esto es injusto para Joshua. No quiero engañarlo así… —murmuró, con un dolor en el pecho.
—No me digas que ahora te importa mi novio —bufó Verónica—. Te hace falta un poco de maldad, Valeria. Por eso es que tu pastelería no triunfa.
—¡Para que sepas, Joshua me besó la última vez! Fue muy incómodo —soltó, apretando los puños.
—¿Y?
—¿Es que no te importa?
—Estabas simulando ser yo. Es normal que Joshua quiera besar a su novia.
—No puedo contigo —repitió, incredula.
—Lo único que debes hacer es cocinar, a cambio, le haré publicidad a tu cutre pastelería para que lleguen clientes, ¿qué te parece mi trato? Es una gran oferta —le propuso, sabiendo que no iba a ser rechazada.
—De acuerdo…
Por más que le doliera admitirlo y seguir haciéndose pasar por su hermana, tuvo que aceptar por el bien de su pastelería. Sabía perfectamente que si Verónica le hacía publicidad, eso atraería a los clientes que tanto necesitaba.
—¡Genial! Me encanta que sepas cómo funcionan las cosas. Eso sí, ni se te ocurra acostarte con él, Valeria —le advirtió—. No puedes enamorarte de mi novio porque él solo tiene ojos para mí. No lo olvides.
Después de decir eso, Verónica se marchó en su auto y Valeria se quedó pensando. Su hermana solo estaba con él por dinero…
«¿Qué estoy haciendo? Ojalá pudiera costear por mi cuenta el tratamiento de papá, así no tendría que soportar a Verónica»
(...)
Los CEOS más famosos de la ciudad estaban reunidos en el pequeño evento de degustación que organizó Joshua. Valeria había terminado de preparar la sopa bajo la mirada amenazante de Verónica y cuando terminó, ambas salieron de la cocina a disfrutar el evento.
—Este vestido tiene mucho escote —se quejó Valeria, haciéndose pasar por Verónica.
—Deja de quejarte, es algo que yo usaría. No sabes cuánto detesto utilizar tu ropa —masculló.
Por otro lado, Joshua estaba en la mesa de degustación. Después de saludar a varios socios, se limitó a probar la sopa. De nuevo, el sabor de su infancia lo hizo estremecer por completo. Sin dudarlo un segundo, caminó con paso firme hacia la multitud y localizó a su mujer.
Ni siquiera saludó a la supuesta Valeria, solo agarró el brazo de su novia y se la llevó directo a su despacho. Mientras tanto, la verdadera Verónica veía con horror cómo se llevaban a su hermana, sintiendo que el cuerpo se le llenaba de nervios.
—Ella no… —balbuceó—. Ella no tendría sexo con él. Es virgen, después de todo.
Aun así, la semilla de la duda se había instalado en su mente.
El corazón de Joshua latía muy rápido cada vez que Verónica preparaba sopa. Amaba cuando ella cocinaba con esa pasión, justo como cuando lo salvó en su infancia. No quería soltarla.
—Quiero compensar el desastre de nuestra última conversación, y para eso he preparado esto.
Valeria miró detrás de Joshua cuando él se apartó. Frente a ella había una mesa con un mantel blanco, un par de rosas frescas encima y la comida servida. Ah, y unas velas encendidas que creaban un ambiente romántico.
—¿Qué?
Joshua la levantó y sus manos se apretaron con firmeza sobre las caderas de Valeria, dejándole en claro quién tenía el control. La colocó sobre el escritorio, obligándola a abrir las piernas para hacerle espacio.
Cuando Joshua se inclinó hacia ella, sus narices se rozaron y sus alientos se mezclaron, provocando que una intensa corriente eléctrica recorriera el cuerpo de Valeria.
«¿Qué demonios está pasando?» le costaba asimilar la situación.
—Me vuelves loco —declaró el castaño, con una voz profunda y posesiva—. Unos días eres un demonio y otros un ángel, pero haz lo que quieras, destruye a quien quieras, no me importa el maldito mundo. Eres mía, Verónica, y no voy a dejar que te alejes.
—¿Q-qué es lo que pretendes? —preguntó Valeria, asustada porque el ambiente empezaba a ponerse caliente.
Sus mejillas estaban ardiendo y no solo eso, su entrepierna empezaba a sentirse cálida debido a la firme presión de Joshua contra ella. Era la primera vez en su vida que se sentía tan deseada por un hombre.
Esa intensa mezcla de sensaciones la emocionaba y la asustaba al mismo tiempo.
—¿No es obvio? Quiero reclamar lo que me corresponde. Me importan una mierda tus berrinches o cómo seas con los demás, eres mía y de nadie más, Verónica.
Joshua cortó la poca distancia que los separaba y besó a Valeria. Ella sintió que los labios de él eran increíblemente suaves y cálidos. Se entregó con una facilidad sorprendente, deseaba quedarse atrapada en ese momento para siempre.
«¿Por qué? ¿Por qué no puedo alejarme de él?»
