Capítulo 6 Intenso momento
Valeria no podía escapar. Cuando Joshua metió su lengua en su boca, fue una sensación nueva y embriagadora para ella. El mundo se desvaneció, solo podía sentir sus respiraciones agitadas mezclándose, el eco descontrolado de los latidos de su corazón y el temblor en sus propias piernas.
Se dejó llevar, rodeando su cuello con ambos brazos para profundizar el beso.
Valeria sintió un cosquilleo ardiente que se concentró en su entrepierna, y una pulsación constante que la animaba a pegarse más a él, olvidando por completo cualquier rastro de timidez. Y Joshua pudo percibirlo.
—J-Joshua no… —se separó como pudo, agitada—. Aquí no.
No sabía qué excusa inventar para detener ese encuentro.
Joshua volvió a besarla con más intensidad cuando notó la vulnerabilidad en su expresión. Agarró sus mejillas entre sus manos y atrapó su labio inferior.
—¿Por qué? ¿Qué tiene de malo? Esto es normal… quiero sentirte y tú deseas lo mismo, Verónica, puedo notarlo —murmuró, con una sonrisa de lado.
En ese momento, un nudo amargo se apoderó de la garganta de Valeria porque sabía que Joshua y su hermana ya lo habían hecho antes. Le dolía, le dolía en lo más profundo del alma y ni siquiera alcanzaba a comprender la razón de ese sufrimiento.
Tragó saliva.
—Mi hermana me está esperando, no puedo dejarla sola.
—Mientes —le dio otro beso corto—. Tu cuerpo también quiere esto. Valeria puede esperar un poco más. Ella no me importa.
Joshua llevó su mano lentamente hasta el borde de su vestido y acarició su muslo con suavidad, provocando un espasmo involuntario en todo su cuerpo. Luego subió para dejar leves y cálidos besos en su cuello. Era una experiencia tan embriagadora de la que Valeria no quería huir.
La puerta se abrió de golpe y la verdadera Verónica entró, viendo la escena con una profunda molestia, pero mantuvo la compostura.
—¡Lo siento tanto! Me había perdido y te estaba buscando, hermana. Esto es un poco… —fingió una voz aguda—. S-sabes que no conozco a nadie aquí. No era mi intención interrumpir este momento entre ustedes.
Joshua estaba furioso por la interrupción, pero se separó de ella para no incomodar más a su hermana, aunque por dentro quería que se largara y seguir en lo suyo.
Verónica los miró con rabia, y notó los labios de Valeria hinchados, sabía perfectamente lo que estaba pasando cuando la vio bajándose del escritorio y acomodando su vestido.
—¿Necesitas algo? Porque no me gusta que me interrumpan cuando estoy ocupado —habló el hombre.
Verónica se aguantó y apretó los dientes al ver que Joshua estaba disfrutando tanto con Valeria. Aunque a ella no le encantaba tanto tener sexo con él, no estaba dispuesta a permitir que su hermana se lo quitara, al fin y al cabo, Joshua era su principal fuente de ingresos y el hombre que estaba loco por ella.
—Verónica, ¿podrías indicarme dónde queda el baño? —preguntó, con cinismo—. De verdad que lo he buscado pero terminé aquí.
—Sí, por supuesto —respondió Valeria—. Nos vemos luego, Joshua.
Joshua le sostuvo la muñeca y se acercó a su oído, provocando escalofríos cuando le habló:
—Esto no se quedará así. Me dejaste muy duro —dijo, entre dientes.
Luego le dio un último beso brusco frente a la verdadera Verónica, quien estaba apretando sus uñas contra sus palmas hasta casi romperlas.
Valeria salió del despacho junto a Verónica y ambas se dirigieron a toda prisa al baño de mujeres. En cuanto entraron, Verónica cerró la puerta con llave.
—Vamos a cambiar de ropa —ordenó ella—. Ya hiciste tu trabajo.
—Yo… —balbuceó Valeria—. No iba a permitir que pasara nada.
—¡Ya cállate! No estoy de humor para escuchar tus excusas —le gritó, quitándose la camisa de mangas—. Dame mi vestido y lárgate de aquí. Eres una perra.
Valeria frunció el ceño.
—¡¿Disculpa?! ¡Yo no quería hacer esto! Fue tu idea, ¿lo olvidas?
—Eso no quiere decir que te acuestes con mi novio, Valeria.
—No pretendía acostarme con él. Joshua me acorraló.
—¡Uy, pues tus expresiones me decían todo lo contrario! —soltó, con ironía—. Aunque no te culpo, cualquiera caería ante semejante dios griego. Pero recuerda que Joshua es mío y su dinero también. Punto.
—¿Quieres un consejo? Deja de meterte con otros hombres y trata mejor a tu novio. Pienso que Joshua es demasiado para alguien tan arrogante y despiadada como tú.
—No vengas a darme consejos solo por haber estado unos minutos con él. Ese hombre es muy dominante en la cama, no lo soportarías. Por eso no me gusta tener sexo con él. Ahora, lo que te diré es que tú jamás volverás a suplantarme, ¿me escuchaste? No dejaré que me quites a Joshua y todo su dinero, maldita perra. Largo de aquí —la amenazó, dejando a Valeria paralizada.
(...)
Un rato después, Joshua se quedó a solas en su oficina revisando los números del evento. Enzo entró para ayudarlo y notó a Joshua pensativo, con una sonrisa inusual en el rostro, y decidió hablarle con honestidad.
—¿De verdad vas a seguir tolerando los caprichos de Verónica? —preguntó Enzo, con el ceño fruncido—. Pensé que estabas evaluando seriamente tu relación con ella.
Enzo, más que su asistente, era como un hermano para él. Se conocieron en el preescolar y desde entonces eran inseparables. Estudiaron juntos incluso en la universidad, y cuando Joshua heredó la empresa de su padre, Enzo se ofreció a ser su asistente para apoyarlo en todo.
Joshua recordó la pasión del beso que tuvo con su novia, el calor en el despacho y el sabor de la sopa.
—No hay nada que evaluar, Enzo. Ella es mi mujer —sentenció Joshua con la voz firme—. Sé que a veces se comporta con una frialdad insufrible y que trata mal al personal, pero no me importa en lo absoluto. Mientras esté conmigo, puede hacer lo que le venga en gana.
El asistente suspiró, ajustándose las gafas.
—A mí nunca me ha agradado esa mujer. Mi ojo analítico me dice que es un fraude y que solo busca tu dinero. Y sabes que no suelo equivocarme con mis suposiciones. Podría arruinar la gala de Vanguard Haute.
Joshua soltó una carcajada ronca, y fijó sus ojos verdes en su amigo.
—Me sobra para cumplirle cada maldito capricho. Mi orgullo no se tambalea por los comentarios de los demás, Enzo, ahorrate tus consejos —proclamó, cruzando sus piernas—. Verónica es una chef excepcional. Además, ella me salvó en el pasado y me pertenece por derecho. Su amor es solo mío, y no me importa qué tan irracional o tóxico se vuelva su carácter con el resto del mundo. Ella tiene su lado amable. Verónica se quedará a mi lado, bajo mis términos, y brillará en esa gala porque así lo he decidido. No quiero que vuelvas a cuestionarme.
