Esperando

Fraser

Cuarenta ojos parpadean hacia mí. Veinte cabezas que no me llegan a la cadera se balancean y se estiran para asomarse a una habitación polvorienta y oscura. Mantengo la puerta abierta en silencio, dándole a la multitud unos momentos para mirar, y luego me aclaro la garganta y digo:

—Prohibi...

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