Un toque doloroso

Willow se cuela por la puerta de mi habitación vestida con un camisón fino que apenas roza sus rodillas. Me sonríe como si tuviera un secreto pegado a la punta de la lengua, sus ojos brillan con travesura.

Sonrío a través del espejo, captando su reflejo, y sacudo la cabeza. —¿Qué haces aquí arriba?...

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