Entrad, amigos

Ian

Oakley va de un extremo de la cabaña al otro, acomodando ramitas y arrojando piedras a un montón cerca de lo que podría considerarse la puerta principal. Yo estoy recargado en el muro de piedra que alguna vez imaginé convertir en una chimenea durante mis ridículos ensueños, viéndola dar vueltas...

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