No puedes tenerla

Ian

Fraser aparece en la sala del trono cargando un sillón enorme como si no pesara nada. Me ve, asiente como si esto fuera un encuentro casual y deja el sillón en el suelo, para luego arrastrarlo varias decenas de metros hasta el centro de la sala. El rechinido me saca de quicio. Me zumban los oíd...

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