Capítulo 34 Llarel

Llarel:

Observo el reloj de mi muñeca: son las once de la noche. 

El silencio en la mansión es tan denso que casi puedo escuchar el zumbido de las cámaras de seguridad en el pasillo. 

Estoy solo en el área de monitoreo, con un vaso de whisky barato que no logra aplacar la tensión en mis hombros.

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