15,1

Le sostengo la mirada. —¿No hay nadie aquí?

Él mira más allá de mí, hacia las puertas. —¿Es esa tu ama de llaves?

Giro sobre mi eje, casi perdiendo el equilibrio. —¡Vana! —la llamo y ella me saluda con la mano, sus ojos se estrechan al ver a Leonardo detrás de mí. Mierda. Me doy la vuelta y lo emp...

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